Soy mano: Hostil

por Víctor Koprivsek
sábado, 29 de junio de 2013 · 00:00

 

Se llamaba Daiana, se la llevó una brizna de invierno, al despertar. Su sonrisa aun trepa los árboles del barrio, arqueando la mirada hacia el cielo, soltándose desde el fondo de sus músculos chiquitos una alegría en que creer para que sepamos de la esperanza, pero se fue y es de trenes la memoria, el olvido, el recuerdo y las palabras que decimos, es de trenes pesados, lentos, de bocinas que suenan lejos entre la bruma y un horizonte de rieles infinitos.

Algo pasó al mediodía de este lunes de junio, año 2013, lunes 24 de junio.

Daiana murió, su cuerpito dejó de latir y respirar con fatiga. En la salita del centro de Derqui había re inauguración y en el fondo de Sansouci se desperezaba el frío de un barrio sin luz.

 

Las calles llegan, son las mismas de siempre, calles del pueblo que llegan hasta vos, que te esperan. Llorar no es nada, llorar. La niebla se come las casas y la tierra tapa los errores del hombre. Los contornos son distancias que acechan, las márgenes despojadas, los pobres silenciosos. 

Una madre, un momento detenido en el tiempo. ¿Qué es el tiempo? ¿Qué es el frío? ¿Qué es estar en una silla de ruedas con cuatro añitos? Sentarse en la puerta del barrio, calle de tierra viendo a los pibes jugar, algunos descalzos entre las zanjas desperdigadas y otros correteando junto a sus padres y las ganas de progreso, si todas las casitas tienen un puñado de arena y ladrillo cuando llegan unos pesitos de más.

Se fue Daiana en una brizna de invierno, se la llevó. Pegadito a su casa los chicos felices miran.

¿Qué es ser pobre? ¿Qué es ser rico? ¿Qué es una ambulancia? ¿Qué es un pediatra?

Es invierno nene, ponete el pulover, abrígate bien, no faltes al colegio, hacele caso a la seño. Alimentate bien, come de todo, no esquives las sopitas ni las verduras, comé mucha fruta, mucha naranja por la vitamina C, viste.

Fue un temblorcito nomás, apenas se movió la tierra con las lágrimas de unas cuántas vecinas que acompañaron al cementerio, todas calladas, las madres y sus hijas y algún que otro papá. Algo chico, un puñado de silencios mirando la tierra caer.

No hay leche en polvo en el merendero Chicos Felices, la gente está cansada de mandar pedidos y de escribir y reescribir cartas que nadie responde, el Estado está ausente en el fondo de Derqui.

Cualquiera que pueda dar una mano 011-15-63713949 (Ana Bueno) 562*5335 (Isabel Fernández).

 

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