APUNTES DESDE LA OTRA VEREDA: Superman

domingo, 23 de junio de 2013 · 00:00

 

 
por Hernán Deluca
 
Está bien hecha, claro. En las formas no van a pifiarla. El diseño de producción es apabullante. La fotografía es brillante. El montaje, ni hablar, posee un gran ritmo, acorde al género tratado. Los efectos especiales son muy buenos, insuperables. Te lo crees todo. Desde las piñas en el aire a los bichos del planeta Krypton. Entonces, ¿por qué no salí con ganas de volar?
Pobre aquel niño que leyó los cómics, que vió la serie en blanco y negro, que se sabe de memoria la saga protagonizada por Christopher Reeve. Que se colgaba el delantal de la vieja convencido que era una capa roja. Ese chico, este espectador quería que salven al superhéroe.
Ahí estaba, apuntando mis ojos al pasado, cargado de expectativas, llevando conmigo las referencias y el recuerdo de un personaje que siempre estuvo en mis aventuras. Con todo eso y las ganas de ser sorprendido fui a ver “El hombre de acero” (Zack Znyder, 2013). ¿Te gustó?... Mmm, sí. ¿Cuántos puntos le das ?... ¿6?
Con preguntas, así me fui. Con un sabor amargo que aún me cuesta identificar. No sé si es por culpa de los agujeros negros que hay en el guión o por ponerle demasiadas expectativas. Son difíciles estos días donde el pochoclo se come a la nostalgia.
Yo y mis tozudas ganas por querer recrear una emoción. Por repetir una buena experiencia como espectador. Con la película de Znyder ni siquiera me fui tarareando una melodía. Elleit motiv que debe acompañar al héroe aquí no apareció. ¿Adónde quedó esa época donde uno salía del cine creyéndose que era el protagonista porque, entre otras cosas, la música seguía sonando en tu cabeza? Pienso en “Indiana Jones” y, automáticamente, aparece la sonrisa de Harrison Ford junto a la melodía de John Williams. Van de la mano. (Algo parecido ocurre con “Jack Sparrow” y la saga de “Piratas del Caribe”, justamente, por ser un film “como los de antes”).
Hoy, silbar la ampulosa partitura creada por Hans Zimmer es imposible.
Vuelvo a Superman. Parte de la culpa de esta ¿desilusión? la tiene Christopher Nolan, el realizador inglés, responsable de la reciente trilogía de “Batman”. Al enterarme que la Warner le dio el mando para que resucite al extraterrestre de capas caídas, sonreí y me dediqué a esperar. Imaginando que el film iba a tener el tratamiento que se merece y nunca tuvo. Incluso, el primer trailer, con esas imágenes simbólicas y una música triste me decía que la cosa venía en serio. Pero no fue tan así, Nolan apenas aportó algunas ideas al guión (escrito por David Goyer) y no mucho más. Superman volvió a no despegar.
En Krypton, Jor-El (papá de Superman) y su esposa Lara (la mamá) suben al bebito Kal-El en una cuna con forma de nave y lo mandan a la Tierra. No viajará solo, con él va la clave de un procedimiento genético, aquello que le quita el sueño al malísimo general Zod. 
Estamos en la Tierra y, durante la primera hora, vemos a Clark Kent y todos los problemas que ha tenido desde niño para desenvolverse en la sociedad, por culpa de sus superpoderes. Entre flashback y flashback, llegamos al presente y paramos ahí, cuando la periodista Luisa Lane se interesa por las anécdotas de un freak que vive en Smallville. 
Mientras tanto, Zod y sus secuaces viajan por el espacio en busca de Kal-El quien, a esta altura, ya es Superman. De ahí en más, una hora destruyendo una ciudad entera (digital, claro) hasta llegar a un final con ganas de secuela.
En el medio, un poco de tedio, de cierta pretensión a lo Hamlet y del esfuerzo por bancarme a un actor tan malo como el británico Henry Cavill. Por suerte, están Diane Lane, Kevin Costner, Russell Crowe, Michael Shannon y Amy Adams poniéndole oficio al asunto, salvando escenas.
Una vez más, Superman, el personaje y su traslado al cine, se queda a mitad de camino. Las esperanzas ahora están en que la cinta facture lo que deba facturar y mucho más para que su segunda parte sea la historia que seguimos esperando. Mientras tanto, revivo “Superman II” (1980, Richard Lester) por Youtube. Escucho la melodía de Williams y estoy volando. ¿Lo ven? No era tan difícil.

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