APUNTES DESDE LA OTRA VEREDA: Listos para rockear

domingo, 2 de junio de 2013 · 00:00

  

Por Hernán Deluca

 

La mirada desafiante y la dinamita rodeando la cintura. Viejo y arrugado. Listo para morir. Se acabaron los mimos. Atrás quedó la blancura de “Après”, el disco de baladas, mitad en inglés, mitad en francés. Es hora de volver a sacarse las ropas y mostrar las venas. La bestia quiere rugir.

¿Será este, el último, distorsionado y furioso viaje de los chiflados? No lo sabemos y no nos importa porque el rock es ahora. Como los recientes shows de los Stones, como los grandiosos discos de Neil Young, como la sorpresa del último Bowie. Ahora es el momento. ¿Después? Qué importa el después.

Cada vez que los Stooges sacan un disco fueron fustigados hasta la exageración. Con ellos no se tiene piedad. Desde su debut con “The Stooges” (1969) hasta el flamante “Ready to die”, Iggy y compañía son castigados por una prensa que nunca agarró un instrumento.

Afortunadamente, los que nos entregamos a su furia musical, no nos olvidamos del disfrute ni de la pasión. Ok, “The weirdness” (2007) no fue lo que esperábamos pero poco importó, los muchachos volvían a la ruta.

Ausente hasta el momento en las bateas locales, “Ready to die” levanta notablemente la puntería con respecto a su antecesor y nos permite deleitarnos con la guitarra de James Williamson, el responsable del inolvidable sonido de “Raw power” (1973). Un sonido sin tiempo.

Los primeros cuatro temas son Stooges en estado puro. “Burn” y esos 28 segundos iniciales son suficientes para que vos también te saques la camisa y creas ser el padrino del punk. “Sex and money” y los años ‘70 aullando en un saxo estimulante y sensual. Lírica irreverente en temas como “Gun”, con Iggy quejándose ante el fácil acceso a las armas y la eterna arrogancia estadounidense ante “Job” y la sonrisa cómplice ante la idea de que trabajamos porque todo es plata. “Tengo un trabajo pero no me pagan una mierda”, dice la Iguana.

Para el quinto tema, la cosa cambia. Un sonido más propio del Iggy solista llega en el momento justo. “Unfriendly world”, ubicado a la mitad del disco, nos ofrece guitarras acústicas y una voz que abraza y nos aconseja que debemos aferrarnos a lo bueno porque este es un mundo para nada amistoso.

¿Hablé de la guitarra de Williamson? Bueno, su lucimiento aparece en el tema que da nombre al disco. Con un gran solo, el bueno de James deja en claro las ganas que tenía de tocar después de tantos años detrás de un escritorio.

Si alguna vez Iggy le cantó a la “pussy” no está mal que ahora le dedique unas palabras a las lolas. “DD’s” es eso, una divertida dedicatoria a los senos femeninos.

Otro gran momento se vive en la canción final. “The departed” es una balada reflexiva con sabor a final. “La fiesta terminó”, se dicen y nos dicen. Esta frase adquiere mayor sentido cuando nos enteramos que está dedicada a Ron Asheton, el violero de los primeros dos discos de la banda. Desde el sonido, el padre de la criatura.

En épocas de reapariciones un tanto vergonzosas, el nuevo disco de los Stooges nos muestra a una legendaria banda en muy buena forma. Viejos rockeando, la mejor para ¿despedirse?  

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