OCTUBREANDO: El otro Murieta

por Horacio Pettinicchi
lithorachi@gmail.com
martes, 23 de abril de 2013 · 00:00

El otro Murieta 

 

Todo lo que me has dado ya era mío

y a tí mi libre condición someto,

soy un hombre sin pan ni poderío,

solo tengo un cuchillo y mi esqueleto.

Crecí sin rumbo, fui mi propio dueño,

y comienzo a saber que he sido tuyo

desde que comencé con este sueño,

antes no fui sino un montón de orgullo.

 

Soy campesina de Coihueco arriba,

llegué a la nave para conocerte,

te entregaré mi vida mientras viva

y cuando muera te daré mi muerte.

 

Tus brazos son como alhelíes

de carampangue, y por tu boca huraña

me llama el avellano y los raulíes.

Tu pelo tiene olor a las montañas.

Acuéstate otra vez a mi costado

como el agua del estero puro y frío,

y dejarás mi pecho perfumado

a madera con sol y con rocío.

 

¿Es verdad que el amor quema y separa?

¿Es verdad que se apaga con un beso?

 

Preguntar al amor es cosa rara,

es preguntar cerezas al cerezo.

Yo conocí los trigos de Rancagua,

viví como una higuera en Melipilla,

cuanto conozco lo aprendí del agua,

del viento y de las cosas más sencillas.

Por eso a ti, sin aprender la ciencia,

te vi, te amé, y te amo bienamada,

tú has sido, amor, mi única impaciencia,

antes de ti no quise tener nada.

Ahora quiero el oro para el muro

que debe defender a tu belleza,

por ti será dorado y será duro

mi corazón como una fortaleza.

 

Sólo quiero el baluarte de tu altura,

sólo quiero el oro de tu arado,

sólo la protección de tu ternura,

mi amor es un castillo delicado,

y mi alma tiene en ti sus armaduras:

las resguarda tu amor enamorado.

 

Me gusta oír tu voz que corre pura,

como la voz del agua en movimiento,

y ahora solo tú y la noche oscura,

dame un beso mi amor, estoy contento,

beso a mi tierra cuando a ti te beso.

 

“Fulgor y muerte de Joaquín Murieta” (Diálogo con Teresa)

 

Esta obra escénica de  Pablo Neruda fue publicada en 1967 y estrenada, en octubre del mismo año. En la “Antecedencia” que precede a esta cantata u oratorio, Neruda reivindica para Chile la figura de Murieta, y rechaza la teoría según la cual no existió un único y verdadero Murieta, sino que las hazañas atribuidas al mismo fueron cumplidas por siete jefes de siete bandas distintas. Después nos dice que la obra es “trágica, pero, también, en parte está escrita en broma. Quiere ser un melodrama, una ópera y una pantomima”. Y así, el cortejo fúnebre, inspirado, según confiesa Neruda, en una representación. Murieta robará a los ricos para dárselo a los pobres, pero los encapuchados tejen a su alrededor una leyenda de violencia indiscriminada, consiguiendo al final matarle una tarde en que “fue a dejar flores a su esposa muerta”, cortándole después la cabeza para que no resucitara o le hicieran resucitar los suyos, que se contentan con robar dicha cabeza y enterrarla en la tumba de Teresa, mientras la cabeza habla y dice, entre otras cosas: “De tanto amar llegué a tanta tristeza, / de tanto combatir fui destruido / y ahora entre las manos de Teresa / dormirá la cabeza de un bandido. / ... / Pero como sabrán los venideros, / entre la niebla, la verdad desnuda / de aquí a cien años, pido, compañeros, / que cante para mí Pablo Neruda”.

 

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