OCTUBREANDO: Para aprender a leer basta un brevario

martes, 5 de marzo de 2013 · 00:00

 

por Horacio Pettinicchi  lithorachi@gmail.com

 

Amanecí de niebla en los andenes. / Dicen que con la luna a las espaldas.

 

 

No sé en qué viento vine. Te traía / ese polvo tenaz, esa distancia / agreste y cereal como la tierra / donde recobras tu paloma diaria.

 

Toqué tu aroma gris. Crucé el tumulto / incorporándolo al sonido de mi sangre. / Empuñé el viejo amor. Entré a la lluvia / y me volví guitarra en tu regazo.

 

 

Dicen que desperté como naciendo / con todo el sol en vilo en las pestañas, / que salí a conocerte en las esquinas / donde ya eras leyenda, puro tango, / porque anduve de olvido y fui tu ausencia / durante mucho hueso y mucho llanto / y teníamos tanto que decirnos! tanto país doliendo que contarnos!

 

 

Andabas multitud, cálido río / de muchedumbre mía y navegante, / pero te busqué el rostro donde sueñas / y me quedé en tus ojos a soñarte.

 

 

Te averigüé la vida y era urgente / compartir el insomnio en un estaño, / discutir ese asunto del otoño, / demorarme en tu vino mano a mano / hasta fundar esa alegría lenta / que arde en la sal más fuego de una lágrima / desde donde se crece a la ternura / porque uno es hombre así, che, Buenos Aires.

 

 

Se dio el amor. Andaba entre la gente / como una flor perdida entre los pájaros. / Lo vi cruzar crepúsculos y esquinas / llevándose la tarde de la mano. / Jugándose en las calles. Combatiendo / por el íntimo pan y el trecho de alba. / Todo el amor se dio incesantemente / y yo lo vi estallar en sudestada.

 

 

Después me preguntaste: ... qué hay del aire / y ese color Oeste del verano? / En qué cañaveral, aún gimiendo, / anda la suerte pobre de la Patria? / Qué árboles recuerdas? Qué camino / pisa la dura copla que me cantas? / Cómo quedó tu madre? Siempre cobre bajo la luz enorme y camarada? / Se crece allá? Perdura lo profundo? / sigue subiendo el sol a nuestra causa? / Qué traes en los ojos? Cómo ejerces / tu oficio de badajo y de campana?

 

 

- Vos siempre de país...! / - Siempre andariego! / - Sacate el viento... / - La camisa agraria. / - Es hora que hagas sombra por Boedo / donde una luna bandoneón te aguarda...

 

 

Entonces, me quedé a contarte el viento / y a saberme tus vidas y milagros, / fundé la casa al sur con mi Gloriana, / un grillo Glorianita y otro Paula.

 

 

No sé por cuánto tiempo. No sabemos / qué tiempo de vivir es necesario / para serte guitarra, canto tuyo / crecido en el tumulto de tu canto.

 

 

De noche, suelo caminar tus lunas.

 

 

Dicen que ando de niebla...

 

 

No hagas caso.

 

 

“Che, Buenos Aires” de Armando Tejada Gómez (Arg).

 

Hijo de un tropero, nace en el Zanjón de Guaymallén (Mendoza) en 1929, en el seno de una familia numerosa (14 hermanos) y de escasos recursos. Fue canilla, lustrador de zapatos, peón albañil, etc. Al quedar huérfano se va a vivir con su tía (Fidela Pavón), quien a través de un breviario le enseña las primeras letras, ésta es la única instrucción que recibió. Ya teniendo 15 años, juntando monedas sobre monedas logra comprarse el “Martín Fierro”, primer libro de este voraz lector, y a través de él no solo comienza su instrucción por modus propio sino también a inquietarse por lo social. No pasa mucho tiempo para que se lo vea participando plenamente en luchas políticas y sociales, a la vez que, su poesía se convierte en una herramienta más de lucha.

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