APUNTES DESDE LA OTRA VEREDA: Filmar para respirar

domingo, 31 de marzo de 2013 · 00:00




Por Hernán Deluca

 

Algunos autores, cuando se saben cercanos al ocaso de sus vidas, se ponen más inquietos. Es como si un motor interno bombeara una sangre que poco tiene que ver con la vejez. Una sangre que los obliga a seguir buscando, a seguir haciéndose preguntas.

Proyectos, afirman, el secreto es tener un proyecto que nos permita respirar. Negando la absurda idea de que, tarde o temprano, el telón se bajará.

Cuando nosotros, mortales de carne y hueso, nos topamos con estos artistas, recibimos una estimulación extra que nos renueva. Porque, si ellos, a su edad, poseen esa energía, esa necesidad casi orgánica de continuar cuestionando a la vida, a quienes estamos del otro lado, no nos queda otra que no parar.

En el cine, son numerosos los ejemplos. Los más conocidos, Clint Eastwood, Woody Allen, Roman Polanski, Manoel de Oliveira, Ettore Scola.

 

Incisivos, atrevidos, pesimistas o esperanzadores, estos cineastas piden a gritos seguir latiendo con cada nueva historia.  

Gritos y latidos, eso es lo que quiere que escuchemos, que percibamos, el veterano William Friedkin (78 años) con sus dos últimas películas: “Bug” (2006) y “Killer Joe” (2011).

William Friedkin selló su nombre en el firmamento del cine con dos clásicos que todo el mundo ha visto y aplaudido: “Contacto en Francia” (1971) y “El Exorcista” (1973). Indiscutidas obras maestras que le hubieran permitido hacer la plancha y retirarse triunfante. No fue lo que hizo este realizador, que continuó trabajando y mucho. Acertando y pifiando.

Cuando la mayoría se había olvidado de su nombre y otros continuábamos disfrutando de sus trabajos (de su vasta filmografía, también deben destacarse “Cruising” con Al Pacino y “The Hunted” con Tommy Lee Jones y Benicio del Toro), William Friedkin une su talento al del dramaturgo Tracy Letts y adapta dos de sus piezas teatrales. Construyendo un micro universo alarmante y perturbador.

Asfixiante hasta el delirio, “Bug” (aquí, “Peligro en la intimidad”) nos muestra el encuentro y la convivencia en un funesto y mugriento cuarto de hotel, entre un paranoico veterano de guerra que ve insectos por todos lados y una solitaria y adicta mujer. Tortuosa y desbordada es esta historia de amor que agota y asombra en cada escena. Dueña de uno de los finales más vibrantes que vi en mucho tiempo, en “Bug”, Friedkin pone al descubierto la demencia que habita en una sociedad preocupada por lo que pueda venir desde afuera cuando lo peor está adentro.

Se ve que la dupla creativa tenía más cosas para decir y en el 2011 se mandan con “Killer Joe”, otra historia que viaja directo de las tablas del off Broadway al celuloide.

Para pagar una peligrosa deuda, un joven contrata los servicios de un asesino a sueldo para que mate a su propia madre, obteniendo así el dinero del seguro de vida.

Locos, delante de cámaras. Locos, detrás de cámaras.

Una insoportable violencia, un erotismo retorcido y unos escenarios opresivos van creciendo escena tras escena, dilatando una explosión que, inevitablemente, va a llegar. Con todo el oficio del mundo, Friedkin ordena todos los elementos que juegan esta ruleta rusa y nos transporta por una oscuridad que no es otra que la de un país donde muchos de sus habitantes están quedando afuera de un sueño que se ha evaporado hace tiempo.

Leyendo estas sinopsis podríamos decir que estamos ante un joven y rebelde director que quiere contarles a todos su malestar. Pero no es así. Como les conté, William Friedkin está transitando el final de su carrera, ese momento donde algunos siguen metiendo el dedo en la yaga. Lo bien que nos hacen.  

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