Soy mano: Patrimonio natural

por Víctor Koprivsek
sábado, 23 de febrero de 2013 · 00:00

Paso peatonal digno sobre el arroyito Pinazo, en el recodo del tiempo donde el agua está clara, 10 kilómetros antes, junto al puente de la 234 en lo que llaman la “Triple frontera” punto de encuentro entre Pilar, José Paz y Moreno, basural a cielo abierto denunciado por el colegio Santa Ana, pegadito al agua, más acá en la rivera que cruza debajo de las vías del San Martín quema de neumáticos, algo prohibidísimo por su toxicidad, después el Pinazo a la altura de Ruta 8 Tres Arroyos y fábrica de cuero, pura contaminación que cruza al barrio con pibes llenos de manchas en la piel.

Arroyito del tiempo, recuerdo de los abuelos cuando nadaban y había peces, aun los hay.

¿Qué hicimos como vecinos? ¿Qué pasó en los últimos 30 años? Nada, no se hizo nada más que el silencio y la aceptación.

Ahora, a un año y un día del tren chocando un anden y los fierros retorcidos con 51 adentro, en pleno 2013 ¿qué excusas tenemos para no hacer nada?

Y Patrimonio Natural de Pilar, una ONG de lucha con su gente batallando en el río Luján, con su porfía sin descanso, con su amor a la tierra en serio, su Reserva Natural en la vera del río, caminatas nocturnas, fogones, concursos de fotografías, intentos de enamorar a la comunidad, de acercar al cuidado del agua, concientizar acerca de lo que tendría que ser sagrado.

Tres rieles atados con alambre buscan ser puente, quieren ser paso peatonal digno para madres y niños. Nadie escucha solo el pueblo, el pueblo y Raúl Bertoloto, el único que demostró interés, el único funcionario que escribe, empuja, recibe.

La vida llama a la vida para que defienda lo de todos, bien común escriben las banderas del barrio. Bien común antes que intereses mezquinos. Mundo de materialismo absurdo, de absurda acumulación, de suicidio colectivo al contaminar y ensuciar, destruir y seguir.

En un día se puede romper mucho, barrer, destruir, sin embrago cuánto cuesta construir, cuánto edificar, levantar, emprender.

¿Cuánto dolor somos capaces de aguantar? ¿Cuánto silencio somos capaces de soportar? ¿Cuántos momentos y lugares somos capaces de perder para siempre? ¿Cuántos rincones de Pilar quedaron a la distancia de un alambrado, de una casita de seguridad, lejos de la gente común, lejos de los que no pueden pagar, lejos de la inmensa mayoría?

Vamos a hacer un puente, un paso peatonal digno. Y cuando lo terminemos vamos a movilizarnos hasta ahí, con murgas y bandas de música y bibliotecas y vecinos y doñas y micrófonos y palabras y todo lo que sea necesario para que despertemos y defendamos un arroyito, un hilo de agua.

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