OCTUBREANDO: El viento en el vértigo

por Horacio Pettinicchi
lithorachi@gmail.com
martes, 19 de febrero de 2013 · 00:00

“Desde que me cortaron el lazo con mi madre, más allá de ella y de mí, la palabra se ha vuelto vientre”, así nos decía la Taroni, y de ahí salen justamente, de las meras entrañas, esas palabras paridas con dolor, viscerales palabras que nos conmueven.

 

Irreverente, libertaria, pájaro libre que se desconstruye y construye cada día, “aprendí que todos los días hay algo por qué vivir...” nos decía María de los Ángeles, y ella aprende, y brinda, “brindo por la fugacidad de la vida, por lo efímero de la rosa del Principito, por la capacidad de placer, de gozo y de gratitud que se aprende cada día...”.

Mucha agua ha pasado desde aquella “Carta al amigo que no conozco” escrita apenas a los doce años, pasó el teatro, la desnudez, la fotografía, los grupos, las noches, los bares, San Telmo, pensiones y siempre escribiendo, derramándose toda en cada palabra, golpeándonos desde “Inhumanité”, su  libro de prosa, cubriéndonos desde sus páginas con sus broncas, dudas y certezas. Como dramaturga llega a Londres a través de “Tiempos en sepia” en el marco de un Festival del Teatro Latinoamericano, luego el cine experimental, poesía puesta en imágenes, siempre jugándose, siempre dándose. Iconoclasta al fin, un día, cansada tal vez, rompe con todo y se exilia en el monte, buscando el silencio, buscándose, indagando en su pura esencia “un año, de reconexión con mis manos, mi vientre, mi cuerpo, mi voz...” decidida a reconstruirse, a parirse nueva, a dispararnos nuevamente sus palabras en “Máscaras, máscaras, máscaras” (poesía, 2012) y “Sin silencio” (poesía, 2013), y se respira, y se vive toda María de los Ángeles Taroni.

 

Tengo este cuerpo que soy.

Tengo estas piernas que sostienen y arrodillan,

estas piernas cerradas y estas piernas abiertas.

Este cuerpo masturbado que se abraza a sí mismo.

Tengo estos brazos fuertes

de llevar pesos que hoy se sueltan.

Brazos que hoy, se vuelven alas.

Tengo estas cicatrices en las muñecas,

que ayer fueron cortes, miedos, impotencias.

Tengo este rostro de niña con mirada de vieja,

cansada mirada, agradecida.

Tengo estas tetas que no amamantan más

que las ganas de alimentar placeres.

Tengo en mi vientre el vértigo

de vivir en la insoportable y

constante odisea de cada día.

Tengo vacías las manos

que ayer se supieron llenas.

Abiertas las manos que dejan escurrir

el polvo y el agua.

Que todo se me escape,

se me disuelva.

Tengo mis manos que hoy proponen

la libertad del otro, al dejarse ir

(pero ya no sueltan).

Tengo ojos capaces de ver lo invisible,

inconformes ante las formas de realidades

que no conforman a este cuerpo

(ni al mundo que sueño).

Tengo oídos que prefieren

gritos a silencios,

aullidos a palabras,

gemidos a miedos,

violencia a indiferencia.

Oídos que no supieron hacerse los sordos.

Supuran cera,

supuran sangre

por todo lo no escuchado.

Tengo esta boca que muerde silencios,

que canta, que silba, que grita, que aúlla,

esta boca mía, que pide la tuya.

Tengo, además, esta soledad vomitable,

esta asqueada sensación de aún no alcanzarte,

esta insoportable certeza de saberme tuya, aún siendo mía.

Este cuerpo, que soy, que habito, que tengo,

hoy,

te lo regalo.

 

www.mariantaroni.blogspot.com

 

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