Soy mano: ¿Pibes o peces?

por Víctor Koprivsek
sábado, 16 de febrero de 2013 · 00:00

Jeremías, Iván, Fermín, Marcelo, Rodrigo y Jorge, tienen entre 10 y 15 años, todos viven en Derqui.

Ayer, mientras el sol calcinaba esquinas y los aires acondicionados no daban a vasto, ellos saltaban y corrían, esquivaban y reían y se zambullían como flechas en la querida pileta del Club Unión de Derqui, en la recuperada pileta.

Griterío y bullicio del barrio al caer la siesta en lo que queda del verano, piberío azul en el espejo de agua.

¿Cuánto vale la alegría? ¿Cuánto vale un recuerdo imborrable hecho de primos y amistad? ¿Y cuánto vale este orgullo de verlos felices, como cuando fuimos niños nosotros también?

“Vivamos con la esperanza de ser recuerdo”, leí escrito en una pared de Morón.

No son pibes los que recuperan las horas del verano en piletas comunales, con peces de colores, son intrépidos nadadores de un mar en calma, de un tiempo sin tiempo que salva a la infancia que llega y sigue, a los brotes de algo que fue y será.

Los bañeros mientras tanto vigilan, observan, contienen, educan, porque ellos también fueron pibes de barrio, ellos también aprendieron a nadar en la pile del Unión.

Germán, Donato, Diego, hoy son profesores de gimnasia pero hace 20 años fueron peces de este océano hecho de infancia y siesta, este universo que en esta nueva temporada de pileta supieron defender y cuidar.

El sol quema ansiedades de chicharras y madres lavadoras de guardapolvos para arrancar de nuevo un año más de escuela. Las hojas de los árboles mayores apenas si se mecen al compás de la tarde.

Seis amigos no se cansan de jugar, son demasiado niños, demasiado jóvenes para frenar el impulso y los clavados del trampolín que una y otra vez llenan el aire de chispas luminosas.

La mancha, el indio, carreras, quién aguanta más la respiración, quién llega más lejos por abajo, ellos hacen torres humanas, edifican los recuerdos que han de perdurar, aquellas imágenes que luego recorrerán eternas sobremesas cuando sean adultos.

La historia escrita en clubes no se borra. Los puntos de encuentro de las ciudades sellan para siempre el destino de los barrios, sus anhelos, sus oportunidades. Y está hecha de alegría la esperanza de los pueblos, de pequeñas fiestas comunes, de risas cotidianas y saludos, de todo aquello que guarda la memoria para siempre.

 

Comentarios