OCTUBREANDO: La sangre como tinta

por Horacio Pettinicchi
martes, 12 de febrero de 2013 · 00:00

Soy poeta de entra casa, me decía Lola, de andar con la escoba y la preocupación de la cocina, preocupada porque la vida es cara y esas cosas, señalaba. Pero esta mujer, orgullosamente andaluza, y me refiero a María Dolores Almeyda Domínguez, nos conmueve hasta las lágrimas con su poesía de alto contenido social, absolutamente arriesgada y fundamentalmente comprometida

 

Hay una tinta especial que casi nadie utiliza

para escribir poemas. Es decir: no la utiliza nadie.

Se llama sangre.

 

Hay que escribir con la sangre del otro y con la propia,

y denunciar la muerte de millones de niños,

y decirle al papa que no venga a Madrid,

que mejor se vaya al cuerno (de África)

y sepa lo que duele el hambre y la pobreza.

 

Hay que escribir con sangre y derramar las tripas

sobre el papel fecundo, y sacudir la conciencia

que se duerme la siesta cada tarde.

No hay que evitarle nada a la vergüenza.

 

No sólo hay que escribir con lágrimas de sangre.

No sólo hay que sufrir por el dolor

de los que no conocen otra vida:

Hay que escribir con la sangre de todos

y con la sangre propia.

 

Hay que escribir por dolor o no escribir poemas

si no somos capaces de saber lo que pasa

y aprendernos la letra de las causas perdidas.

 

Hay que hacer terrorismo del poema

a ver si alguien aprende a utilizar la pluma

con recursos de guerra.

 

Hay que sacrificar la paz y hay que manchar papeles

con la sangre que sale del tintero

igual que del fusil salen las balas

 

(“Sangre de tintero”, del libro “Versos clandestinos”).

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