Soy mano: La buena costumbre de agradecer

por Graciela Labale

sábado, 5 de enero de 2013 · 00:00

Como el 2012 no me alcanzó para agradecer todo lo que debía, aprovecho mi primera columna del 2013 para volver a hacerlo. Y disculpen los lectores que utilice este espacio para algo tan personal pero por favor, perdón y gracias, como diría León Gieco son palabras santas y nunca están de más. Y para mí es tiempo de agradecer después del momento difícil que me tocó vivir: a mi familia la más cercana y la extendida, a las amigas y amigos de siempre y los más nuevitos, a las amigas y amigos de mis hijos que no los dejaron ni un minuto solos, a las compañeras, compañeros y capos de los trabajos, a los vecinos y a todos los que se acercaron, hasta virtualmente, con la palabra justa y la caricia oportuna. Al equipo médico que me asistió antes, durante y después y a todos los que hicieron lo posible y lo imposible para que así sea: Érica, Alejandra, Silvana, Miguel y Pina.

Y para empezar el año con lo que tanto me gusta, cerrar este ciclo y así renovar la energía con nuevos aires vaya este poema de María Elena Walsh “El buen modo” que me parece por demás de pertinente.

 

 

 

“Tengo tanto que agradecer

al que me dio de beber

cuando la sed me moría.

Agua en jarro, gusto a pozo,

pero río caudaloso

me parecía”.

“Estos ojos no olvidarán

al que una vez me dio pan

cuando el hambre afligía.

Miga dura, pan casero,

que trigal del mundo entero

me parecía”.

“Seas siempre bendito

por tu buen modo,

porque al darme poquito

me diste todo.

Antes que la muerte

me robe la ocasión

para corresponderte

aquí te mando mi corazón”.

 

“Hoy me acuerdo de aquel que ayer

se supo compadecer

cuando lágrimas vertía.

era parco su consuelo,

pero Dios con un pañuelo

me parecía”.

“Nunca puedo olvidarme yo

del que una vez me albergó

cuando techo no tenía.

Rancho pobre, catre chico

pero caserón de rico

me parecía”.

 

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