OCTUBREANDO: Nunca inventé una historia

por Horacio Pettinicchi
lithorachi@gmail.com
martes, 29 de enero de 2013 · 00:00

Cuando volvió su bolsoncito solo cargaba un espejito y una navaja para afeitarse y 18 años de andar por el mundo buscando la razón que lo existiera. Volvió después de un largo silencio, le contaron que sus seguidores le hicieron pequeños homenajes creyéndole muerto, “…muerto? (y reía), si voy a vivir trescientos años” decía el escritor Néstor Sánchez. La muerte lo encontró en el 2003, posiblemente siguiendo las voces que le ordenaban caminar días y días.

A su regreso quiso quebrar su largo silencio y publicó “La condición efímera”, para luego volver a acallar su pluma. Alguien, tal vez un amigo, quizás algún periodista, le preguntó por qué no escribía mas, “perdí la épica…” le respondió Néstor.

“Sí. Yo decidí terminar con todo. Siento que se terminó la épica y dejé de escribir. En realidad, cuando yo escribía, mi vida tenía otra riqueza que se fue perdiendo. Ahora me quedé sin nada: es la vejez. Siempre escribí en relación conmigo mismo, en relación con un estado de sinceridad irremediable. Le repito, se me terminó la épica”

Mucho se ha hablado de él, pocos lo han leído, muchos escritores lo han elogiado (Silvia Molloy, Severo Sarduy).

 “Sánchez es un novelista muy criticado y muy combatido por el carácter experimental, muy audaz, de su obra, pero que a mí me parece un escritor sumamente útil en nuestro medio. Es un hombre que rechaza los moldes ordinarios de la literatura narrativa y busca escribir libros que, siendo novelas, tienen al mismo tiempo un aspecto formal, un aspecto idiomático, que está lleno de belleza porque va en contra de todos los lugares comunes de la adjetivación usual. Néstor Sánchez tiene una imaginación muy extraña y que trabaja a base de síntesis fulgurantes, lo cual dificulta mucho la lectura. Es un problema, yo lo sé, es muy difícil leer a Sánchez, pero yo siempre lo he querido y lo he estimado mucho...”  (Julio Cortázar).

Néstor Sánchez fue un gran escritor, un anti-canon, el beat mayor de nuestra literatura, inconmovible lector del surrealismo argentino, admirador de Kerouac. Descreía de argumentos y personajes, no le interesaban los premios, el periodismo ni la publicidad. Seguidor de Gurdjieff practicaba la desautomatización en la literatura y en su vida misma, afirmando que el lenguaje interesa más que la historia. La presencia de la muerte era una constante en sus escritos.

De su novela “Nosotros dos” se dijo, “la mejor novela que se había escrito después de Arlt”. “Nunca hay que escribir nada que pueda contarse por teléfono. Siempre escribí en relación conmigo mismo, en relación con un estado de sinceridad irremediable (…) nunca en mis libros inventé una historia. Todo ha sido en base a mi vida presente o pasada”.

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