Soy mano: Personalísima

sábado, 29 de septiembre de 2012 · 00:00

 

por Graciela Labale

 

“De nuevo estoy de vuelta, después de larga ausencia…” Y sí mis amigas y amigos del Soy mano, aquí estoy, volviendo. Pensé que como otras veces iba a poder seguir comunicándome tal como es mi costumbre cuando vacaciono por ahí. Pero no, por eso mi eterno amigo-compañero Víctor Koprivsek, en esto como en tantas cosas, estuvo a la altura de las circunstancias, y esta columna próxima a cumplir sus primeros 10 años, siguió apareciendo, cada sábado, como si nada, “sin migo”.

Sepan disculpar que personalice tanto pero es imposible soslayar algo tan fuerte. Nada del otro mundo, cosas que nos pasan a los humanos. De buenas a primeras, esa palabra tan temida: cáncer, se presentifica en uno y no queda otra que arremangarse y dar pelea. Y es en ese mismo instante, donde una levanta la vista y se da cuenta que una vez más no está sola. Qué va!

Salen como las hormigas después de la lluvia. Aparecen todas y todos, tan diversos como sus edades, cada uno, cada una con su impronta, con sus creencias, con su ciencia, con su ateísmo, con su espiritualidad a cuestas, con ofrendas a la madrecita tierra, tendiendo la mano, dando el abrazo oportuno, orando, rezando. Poniendo el hombro a la hora de ayudar, haciéndole el aguante a mis hijos durante las 6 horas y media de quirófano.

Familia, amigas, amigos, de toda la vida, de los más recientes, de los laburos, allegados de distintos lugares, qué se yo, sería difícil nombrarlos pero estuvieron todos. Más la gente que formalmente ayudó a que esto fuera rápido y de excelencia: CEO Pilar con Mirta y Alejandro a la cabeza, el Dr. Franco y su inefable Pina, Clínica San Marcos allanando todos los caminos, PAMI Pilar, Silvana Mezzabotta  y el equipo de Cirugía de Cabeza y Cuello, Terapia Intensiva e intermedia, Clínica con sus jóvenes residentes y Enfermería del Hospital Universitario Austral.

De mis hijos, Daniela y Juanchi, de mi nuera Vicky y mi yerno Martín, qué decir, no me alcanzan las palabras ni la emoción para agradecer tanto mimo, tantos cuidados.

Ahora a seguir andando, proyectando, soñando, anteayer mismito, “La Mesa”, que nunca dejó de funcionar, tuvo su primera reunión de trabajo con mi presencia, qué tal!

 

Presencias, muchas presencias siempre, a la hora, que como diría el “filósofo contemporáneo” Ringo Bonavena, “te sacan el banquito”.

 

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