Soy mano: Inundaciones

por Víctor Koprivsek
sábado, 25 de agosto de 2012 · 00:00

Lluvia, humedad, lluvia, frío, viento y barro. Ropa sin secar, sin lavar. Días grises y ventanas empañadas, casas mojadas, patios vacíos, lluvia.

Lluvia interminable, eterna lluvia gris, barrio pesado, noches y calles solitarias, madrugadas que amanecen con fiaca, mucho esfuerzo en el tic tac de los relojes, muchas ganas de seguir durmiendo, de no abandonar la camita así, con el hueco tibio. En fin, lluvia que no para.

Son ríos de agua, canales de lluvia, mareas de inundaciones, torrente que avanza por los barrios humildes, por las panamericanas, las rutas nacionales, las calles interbarriales, los zanjones verdes, arrastrando colchones viejos, puertas desvencijadas, sueños amarillos, fotos, recuerdos, anhelos, agua que empuja, que amontona, marea turbia que enturbia y delata.

Por dentro goteras intermitentes, por fuera sudestada que golpea las puertas de las casas bajas, terror de los niños con luna.

Lluvia y más lluvia, calor del mundo, cambios climáticos, dolor de la tierra, abuso y despreocupación, poder de la humanidad, destrucción, tala indiscriminada, muerte que arrasa.

Lluvia y más lluvia, sin freno ni compasión, sin aleros ni resguardos. Lluvia y más lluvia, frío y barro, piel del dolor, sol que espera.

Sol y primavera, plantas, risas, azul del cielo nítido, tonos del verde encimados unos sobre otros, árboles quietos del verano, anhelo grande por lo que vendrá.

Calor de esquina, frescura de la noche transparente, estrellas y piletas, chapaleo de las olas, vacaciones allá lejos.

Las letras van pintando un mundo, se ordenan para describir lo que se ve y lo que no, es difícil escribir de espaldas al día, con la puerta cerrada a la calle, y todo porque afuera llueve, porque llueve eternidad, sin cesar llueve.

Pienso en los charcos de la infancia y en los potreros ausentes, en las canchitas de fútbol que ya no serán. Pienso en los diluvios que caen para siempre. En las terribles inundaciones del alma.

 

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