Soy mano: La compañía de Badía

por Víctor Koprivsek
sábado, 30 de junio de 2012 · 00:00

Era saber que estaba, en algún lado, haciendo radio o televisión, menudo y cabezón, con la palabra justa y dando espacio a los que no lo tienen.

“Podrán decir que soy un soñador, pero no soy el único”. Con ese recuerdo extraño que saltó de la memoria y surgió potente ante el anuncio del nuevo viaje emprendido por Badía, más la generosidad, el desprendimiento, la humildad y esas cuestiones que dejó su paso por esta tierra, fui condensando una lágrima de despedida y unas líneas.

La Torre, Juan Carlos Baglietto, Charly, Tinelli, el Negro Lavié, Los Abuelos de la Nada, todos en sus comienzos, Paolo El Rockero, el profesor Lambetain y Mc Phantom… jajaja, ¿se acuerdan? El hombre de los sonidos metálicos y robóticos que contaba historias rápidas de asombro, casi una película diminuta antes del corte del legendario Badía & Cía. O ¿fue en el programa “Imagen de radio”?

Y murió en Derqui nomás, no Mc Phantom… Juan Alberto.

Su leyenda ya recorre las radios, su mirada entrañable aún se puede ver con sólo evocar uno de sus comentarios mágicos frente al micrófono, casi un susurro, una idea capaz de romper con la soledad, una voz saliendo desde una cajita plástica con perillas y dial y parlantes.

Y también estuvo en televisión con el escenario abierto, con la oportunidad brindándose y el apoyo a la cultura. Toda una vida llena de proyectos.

En el “Tinto y Soda” lo vi una vez, sus movimientos y la forma en que charlaba, todo indicaba que estaba emprendiendo algo nuevo, un nuevo desafío, una nueva aventura de discos y de imágenes. En fin, nació en Ramos Mejía en el ‘47, su padre fue profesor y maestro de locutores y su hermana lo acompañó en muchas de sus travesuras.

Desde 1970 se venía desenvolviendo en los medios, arrancó con una suplencia en Radio Antártida y nunca más paró. Ganó premios importantes, Martín Fierro y Konex, y marcha hacia la eternidad con el cariño de la gente, el respeto de cientos de artistas populares y colegas.

Imagino al pibe de barrio jugando de niño con micrófonos inventados en la casa paterna, imitando personajes, imaginando historias, surcando distancias, describiendo paisajes desconocidos, jugando, riendo, creando, ese pibe de barrio del conurbano bonaerense, ese hombre que luego tendió la mano y fue generoso. Qué huella!!!

Acaso en un mundo lleno de mezquindad y miedo, donde el cartel manda más que el respeto, donde muchos no dan espacio por las dudas, Juan Alberto Badía sea un digno ejemplo de lo que trasciende, de lo que llegará, tarde o temprano, llegará.

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