Soy mano: Falta envido

sábado, 5 de mayo de 2012 · 00:00

por Víctor Koprivsek

 

Soy mano es una café al costado del camino, un cortadito así, un paréntesis en la furia del día.

Soy mano es la mirada que se pierde entre los árboles viejos del barrio, ver las hojas moverse, casi imperceptible el vaivén, hamacadas por la brisa. Descubrir el otoño en sus colores.

Ya perdí la noción del tiempo, cuánto hace que escribimos esta columna, compartida sábado a sábado con Graciela y en un principio también Carla. ¿6, 7, 8 años?

Soy mano es la oportunidad de la palabra urgente y suave, sin vueltas, nada de medir consecuencias ni atisbos de futuro. Sólo soltar la letra y llenar de golpes el teclado mientras el ruido de la heladera que arranca, vieron esas heladeras viejas, las de antes con congelador no freezer, heladeras graves que reposan en silencio y de golpe zas… tiemblan en mitad de la siesta o la noche y arranca una chicharra espantosa, bueno, Soy mano es dejarse acunar por ese ruido, y por todos los ruidos de la casa, goteras de canillas mal cerradas, golpes del minutero de algún reloj de pared.

Y por los sonidos del barrio también, ladridos de perros diminutos, bocinazos o aquellos otros que llegan de lejos y pueblan el cielo de los pueblos.

- Baraaaaaaata la papa sana seora!!! Grita el megáfono.

- Sándia calaaaaaaada, batería vieeeeja, colchone vieeeeejo seora!!! Avisan los carros.

En fin, Soy mano es la esquina que te abraza, el pibe que cruza con la motito meta zumbido enrulándote el matete. Yo no sé qué onda con las motos, es un problema grave ése, parece que las regalarán, son todos pibitos los que las manejan, encima no usan cascos. O familias enteras tipo papá, mamá y hermanitos. No es de buchón, pero estaría bueno que se cuiden.

Por eso me gusta esta columna, porque se escribe con la puerta abierta, mirando la calle, metido en la vereda rozando las Doñas y sus chimentos, curiosidades que reparten en la cola de los supermercados o mientras esperan que las atiendan en las verdulerías al paso, brazos cruzados con la bolsa de los mandados bien apretujada, charlando sin perder de vista el tomate o la batata que ya tienen relojeada.

Soy mano es una cena romántica en el Tinto y Soda, es la mirada de dos que no se sueltan mientras los vidrios empañados tiritan del lado de afuera. Leñita y calor de hogar, música para sentirse en casa.

Soy mano es Vartorelli llamando cada jueves para recordarnos:

-Negro ¿te acordás? Mañana te toca a vos. Qué groso el Vartolo.

Así andamos, de puro encuentro escribiendo lo que vemos. La vuelta llega, de mano con 27 hasta la falta envido no paro. Soy mano.

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