APUNTES DESDE LA OTRA VEREDA: Una charla de caballeros

por Hernán Deluca
miércoles, 18 de abril de 2012 · 00:00

 

Así, como te lo cuento. Cinco tipos alrededor de una mesa, al mediodía, en un lugar del centro. Sus bocas reflejadas en el vidrio, los gritos opacando al televisor. En la vereda desfilan los uniformes, se ratean, la juventud que ríe e ignora. Bocinazos en ambas direcciones y el intolerante que putea porque sí. Rojo, amarillo, verde. Dos cerveza, una coca light y tres agua sin gas. Todo, en botella chica, cada vez más chica. A un costado, en la mesa junto al rincón, bajo la telaraña, apoyado en la mancha de humedad, escucho la charla. Hasta me cambio de silla para estar más cerca. Actúo una gotera, algo que cae del techo. Y los miro. El gil -tal vez, el personaje que mejor me sale-, ojea una “Para Ti” del 2003. La chica me pregunta qué quiero tomar y le respondo, despacito, para que los cosos de al lao no se aviven. Traeme un pomelo… light.

No pesco algunas cuestiones futbolísticas, pero no me caliento. En realidad, las desecho por ser un hincha de la B. El verdadero comienzo es este: Flavia Palmiero siempre estuvo buena. Ayer, hoy y siempre. Si, es verdad, dice el de la gaseosa light. Yo miraba al Señor Televisor y me daba una envidia,… ¡el loco la podía tener tan cerca! ¿Y yo?, ¡cómo odié al viejo Macri cuando salía con ella! ¿Qué decís?, dice otro. Yo siempre odié a ese viejo. Bah, a toda su familia. Al apellido entero. Ahora, la mina la hizo bien, eh, insiste el primero, llevando otra vez la charla hacia el terreno del cholulaje. Anotá: una casa en Barrio Parque, un auto importado, un programa en canal 9, las lolas. Todo a costa de llevar, por siempre, la etiqueta de gato, acota el defensor de animales. Hay una breve pausa, la que aprovecho para moverme otros dos centímetros hacia la conversación. ¿Ustedes se pusieron a pensar?, las que conducían programas para pibes estaban todas buenas. Patsy, Gachi Ferrari, la del perro Alfonso. Gachi Ferrari nunca estuvo buena, pienso y cierro la revista. También estaba esa otra, colorada, de rulos, que era novia de uno de los de “Función Privada”. ¿Rómulo o Remo? Rómulo Berruti y Carlos Morelli, nabo. Morelli, ese era el que estaba con la mina. ¡Cómo chupaban esos!, dice mientras liquida su porrón. Era todo mentira. ¿Qué? Té frío tomaban, como en las películas. Un par de veces sí tomaron whisky y como eso pegó, lo exageraron. Lo que quieras, pero la gente miraba esas películas porque siempre había minas en bola. “La guerra del cerdo”, “Hotel alojamiento”, las tetas en “Amarcord”. ¡Fuá! Sábado a la noche, el momento más esperado de la semana. El volumen bajo, el pasillo apenas iluminado. Los gemidos de la Coca Sarli que parecen llamarme. Andá a dormir, gritaba papá. Pero ya no importaba, algo veo, algo escucho.

¿Cómo se llamaba el tipo de la foto, el que estaba atrás de ellos, en blanco y negro? No era un tipo, era Marilyn Monroe. ¿Quién? Nadie, dejá.

La isla de no sé qué. Todos lo miran, tratando de entender. Otro programa que mirábamos cuando éramos chicos. ¿“La isla de los Wittys”, querés decir? Silencio. Aguantan la risa, hasta que uno no puede más y escupe lo que tiene en la boca. Algunas gotitas caen sobre mi hombro derecho. Boludo, ya éramos grandes cuando estaba ese programa. No, no. Es del… ¿84? No, te digo que ya éramos adolescentes, estábamos para otra cosa. Sí, para “Jugate conmigo”… ¿Qué me miran así?... una vez estuvieron Los Violadores. Dejá, lo googleo en el celu y nos sacamos la duda.

En el mismo instante en que hace su aparición la odiosa tecnología, me doy cuenta que se hizo tarde. Dejo los doce pesos sobre la mesa, tomo mis cosas y encaro hacia la puerta. Antes, me paro frente a ellos y les digo: Alejandra Fabiana Gavilanes se llamaba la conductora y el programa era del ‘89. Buenas tardes. Me fui.

¿Y, éste, de qué habla? Cris Morena conducía “Jugate conmigo”. No, tiene razón, dice el dueño del celular. Así se llamaba. ¿Quién? La que conducía “La isla de los Wittys”. Ah, sí, me acuerdo, era novia de Jorge Martínez. 

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