Experiencia “Biophilia”

 
por Valentina
 Romero Basconi
por Valentina Romero Basconi  
sábado, 14 de abril de 2012 · 00:00

 

El lunes pasado tuve la suerte de presenciar una de las fechas que forman parte de la gira “Biophilia recidency”, de la islandesa Björk, en el Centro Municipal de Exposiciones de Buenos Aires. A las 19, las puertas ya estaban abiertas al público con una muestra de aplicaciones para ipads, charlas, imágenes y 2 banners en los que se daba la bienvenida a los presentes comentando de qué se trata su último álbum “Biophilia” (amor por lo vivo o lo natural), en donde nuestros sentidos se abren para encontrarse con la naturaleza, con el ser más mínimo del universo; esto genera inquietudes e invita a investigar y apreciar un poco más sobre ésta. También habla de cómo el sonido, la naturaleza y la tecnología se unen en esta experiencia en la cual la idea principal de Björk fue y es experimentar, no aburrirse y conectarse más con los otros y con la naturaleza.

A las 21 ingresamos. Puedo decir que lo primero que hice fue sonreír porque es un lugar chico y por fin iba a poder disfrutar de un recital. La escenografía eran luces muy pequeñas en un fondo negro-azulado, como estrellas. En el centro, el escenario, arriba de él, pantallas. Lo mejor, los instrumentos: una bobina Tesla, un órgano de tubos pequeño que funcionaba automáticamente, Sharpsicordio, dos péndulos gigantes que tienen cuerdas que una púa va punzando a medida que se mueven, una celesta vaciada y equipada con las barras de un Gamelán, instrumentos de percusión como batería electrónica, entre otros y un Rectable, más 4 ipads que controlan algunos de ellos.

Entraron las chicas del coro, el muchacho de los ipads y sintetizadores, y comenzaron con “Óskasteinn”, una melodía hermosa, mucha armonía, que te introducían en la idea del recital, la de disfrutar de la experiencia en la forma más profunda posible.

Entró ella, con su enorme peluca y junto al coro siguió con la lista de temas: “Moon”, “Crystalline”, “Hollow”, “Dark matter”, “Hidden place”, “Mouth’s Cradle”, “Joga”, “Sonnets/Unrealities XI”, “Virus”, “Pagan poetry”, “Mutual core”, “Cosmogony”, “Solstice”, “You’ve been flirting again”, “Isobel”, “Pluto”, “Declare independence”, (algunos de estos no son parte del disco “Biophilia”).

Como espectadora puedo decir que su objetivo, de hacernos sentir algo, de conectarse con nosotros, fue logrado. El espacio ayudó, y ella y su equipo se ocuparon bien de que esto suceda. Esto me emocionó, me sentí respetada, sentí que la idea no era sólo tocar y nada más, sino que todos vivamos el presente juntos.

El sonido impecable. Las imágenes, que son videos de documentales elegidos por ella, te llevaban de viaje por un rato. Los colores del vestuario con las estrellas pequeñas de fondo se mezclaban brillando. El coro de las muchachas islandesas sostuvo las melodías de cada tema, (más de uno les gritó “bombones”, bien a lo argento).

Björk con la voz impecable, dueña de cada nota, como si sus cuerdas vocales no fueran músculos frágiles, todo lo contrario.

Se fue para terminar, pero todos la reclamábamos.

Volvió y terminó como una fiesta inolvidable con el bis, nos bailamos todo (o por lo menos yo) y nos fuimos con el corazón contento, aunque muchos queríamos más. 

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