APUNTES DESDE LA OTRA VEREDA: «Scarface»: El nombre de mi iniciación

por Hernán Deluca

21 de marzo de 2012 - 00:00

 

Calor. No recuerdo el año, pero sí que era sábado y por la tarde. Caminaba junto a dos amigos por los pasillos de la terminal cuando, imprevistamente, un chorro de sangre me tiñe medio cuerpo. Mis amigos no lo advierten y siguen en la suya, empujándose, paveando con dos chicas que saborean, juguetonas, sus helados. Miro para todos lados y sólo recibo la calma de las dos de la tarde. Con algo de desagrado y un poco de temor, bajo la mirada y chequeo la magnitud de la mancha. Para mi sorpresa, la remera está limpia, exhibiendo con orgullo el primer plano de un dibujado Hombre Araña. El local estaba a metros de la salida/entrada de la calle Rivadavia. De allí salió el chorro, de las imágenes estridentes que detonan en el veinte pulgadas a color, de la novedad que se encuentra a un costado: una videocasetera con cuatro cabezales. Ignoro el llamado de mis amigos y camino hacia el local, quedándome unos minutos así, con la ñata contra el vidrio.

Miami, camisas floreadas, mucha cocaína y sangre. La negociación que se complica y uno de los involucrados que empieza a perder partes de su cuerpo gracias al trabajo de una motosierra. Frente a él, un petizo cojonudo ni se inmuta, por el contrario, insulta y escupe a los que tienen las armas. “Fuck you”, dice a cada rato. Y lo dirá por los siglos de los siglos. Superando los límites de mi inocencia, la violencia crece hasta que la tortilla se da vuelta y el cubano logra zafar. La película, que recién comienza, sigue, como también lo hace mi andar. Sin embargo, ya no soy el mismo. En la terminal de Pilar, un sábado a las dos de la tarde, una adicción ha nacido en mí: la de ver cine y no parar. El éxito del reciente reestreno de “El Padrino” (Francis Ford Coppola, 1972) suscitó la aparición de otro clásico mafioso, “Scarface” (Brian De Palma, 1983). Odiada en su momento por la crítica y el público de su país, amada en Europa y considerada más tarde como objeto de culto por el mundo entero, “Scarface” es no sólo uno de los picos más altos en la carrera del director de “Vestida para matar” y “Los Intocables”, también es el nacimiento de ese Al Pacino que deja caer sus comisuras, frunce el ceño, abre grande los ojos, pechea al que se le ponga adelante y grita como un endemoniado. Así como “El resplandor” (Stanley Kubrick, 1980) nos permitió conocer el origen de un chiflado Jack Nicholson, el personaje de Tony Montana dio lugar a una nueva era en la actuación. Por eso, gracias Al.

La historia en pantalla. Brutal ascenso y descenso en el mundo del crimen protagonizado por un cubano que quiere demostrarles a los gringos que él es el rey del mundo. Tras haber alcanzado el poder, Tony Montana comienza un lento proceso de autodestrucción. La soledad y la frialdad se apoderan de él. Es ahí cuando no queda otra que tomar las armas y gritarle al universo: “Say hello to my little friend”.

La historia del detrás de escena. La Universal quiere hacer un remake al pie de la letra del “Scarface” (1932) de Howard Hawks, ambientado en Chicago durante la Ley Seca. Llaman a Sidney Lumet y es él quien propone ambientarla en la comunidad cubana de Miami durante el boom de la cocaína, a principios de los ochenta. Esa idea enloquece a todos, incluso a su guionista, Oliver Stone, quien se va a investigar el tema. Pero a Lumet el resultado no le gusta nada. En cambio, sí le gusta a Al Pacino quien llama a Brian De Palma. El resto, es historia conocida. Una historia que confirma la existencia de los milagros.

 

 

 

 

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