Apuntes desde la otra vereda: Gracias

Por Hernán Deluca

miércoles, 15 de febrero de 2012 · 00:00

 

“Ahí va el capitán Beto por el espacio”, esa frase, gritada por el delgado y especial guitarrista, al término de Badía y Compañía, paralizó al niño que tenía, por aquellos días, al 10 de la banda roja como ídolo supremo. Nunca me quedó claro ni indagué si, finalmente, hay relación alguna entre Norberto Alonso y el protagonista de aquella canción (en realidad, no quiero saberlo), pero la juguetona referencia y la posterior aparición en la letra del banderín de River Plate hizo que todo cierre como yo lo deseaba.

Un himno resonando en mi cabeza. De repente, alguien me cantaba y no era ni mi maestra, ni Margarito Tereré.

En este preciso instante cae una foto de mi niñez. Amo entre los amos, corriendo por la calle Chubut, esquivando los fresnos de la vereda, levantando bien alto el anillo de mi vieja, convencido de que todos los peligros serán ahuyentados. El cielo, único testigo de la fantasía, aún hoy me sigue acompañando.

Años más tarde, cuando abandoné la número 5 y los muñequitos de Star Wars pude dedicarle mi atención a su obra anterior, fundamentalmente la de Almendra y Pescado Rabioso. Y sí, es imposible seguir sintiéndose el mismo ante temazos como “Post crucifixión” o “Ana no duerme”.

Coherencia. Música y poesía. Rock o mucho más, en caso de existir algo más, claro. Un arte que atraviesa a todos y deja marcas. Como corresponde. A todos. Hermosos, eternamente subordinados a su genialidad. Al abrazo de los recuerdos. Porque una canción, cualquiera, es un momento. Y Luis Alberto Spinetta fue, es y será protagonista de la banda sonora de este país. En el norte y en el sur, en los bolsillos vacíos, en las calles brillosas. ¿Él y cuántos más? Gardel, Mercedes Sosa, no sé, ayúdenme con la lista… No son muchos.

Algo tambalea, una cuerda se corta, salta la pintura, la cascarita es arrancada y duele. Egoístas, ante la noticia de su muerte, nos preguntamos cómo seguir, ignorando que su música nos tomará de las manos y nos seguirá guiando. Como hasta ahora.

Lo sé, las madres continuarán susurrando sus canciones a sus hijos y los padres, hermanos mayores o amigos harán uso de su lírica para aconsejar cómo ponerle la cara al sol. Poesía para vivir la realidad, sólo así se puede. Alma y canción, eso es hoy y siempre. Cuando un artista llega a ese lugar, no se irá jamás. Y, fíjense bien, porque está en todos lados.

Flaco, por seguir musicalizando nuestros corazones, te doy gracias. n

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