APUNTES DESDE LA OTRA VEREDA: Matar con lentitud

domingo, 16 de diciembre de 2012 · 00:00

 

por Hernán Deluca

 

Repasemos algunas cuestiones del género para comprendee mejor de qué va la cosa. Las películas que pertenecen al policial negro o, si quieren hacerse los franceses, al film noir, tradicionalmente, giran en torno a oscuros hechos criminales, los que te salpican aunque te sientes en la última fila. Eso sí, la fotografía es muy expresiva al igual que la música, la puesta en escena. Y casi siempre llueve.

En cuanto a los guiones, estos nos ilustran un mundo muy parecido al que caminamos: sociedades violentas y corruptas hospedan a todos los personajes. Criaturas que se sienten mejor cuanto más pesimista es el ambiente que los envuelve. No hay líneas que separen a los buenos de los malos. Todos, cargan pasados pesados.

Los finales no son felices. El fracaso del protagonista no hace otra cosa que resaltar su soledad, su desmotivación. Eso también nos salpica.

Importantes realizadores se apropiaron de este clásico género para volcar sus propias obsesiones. Quentin Tarantino, David Fincher o los hermanos Coen se sienten muy cómodos contando sus historias bajo las reglas que otros han establecido. Reglas que se enriquecen con sus personales aportes.

Quien sigue estos pasos de complicidad es el director neocelandés Andrew Dominik. Con el reciente estreno de “Mátalos suavemente”, su tercer opus, el policial negro vuelve a demostrar que es la mejor opción a la hora de  desnudar aquello que nadie quiere ver.

Un malandra de cuarta contrata a dos delincuentes de sexta para afanarle a un hampón de tercera. El robo se hace a los ponchazos y pone nervioso a más de uno. Para calmar las cosas, llaman a Jackie (Brad Pitt), un asesino profesional, o algo así, quien se toma su tiempo para realizar su trabajo. Mucho tiempo. Hasta que llegan los balazos y las piñas. Palo y a la bolsa. De fondo, en los televisores, en las radios, cambio de gobierno, de Bush a Obama y todo el bolonqui financiero. “América no es un país… es un negocio”, se dice cerca del final.

En el pequeño gran film de Dominik jamás vemos a quienes dan las órdenes. Aquí, los asesinos ejecutan, cobran su dinero y huyen cuando todos duermen. ¿Quién garpa? No lo sabemos. ¿Conocemos las culpables caras de Wall Street? Mucho menos.

Es “Mátalos suavemente” una pieza musical. Jazz, donde el policial funciona como sostén. Una música que avanza sobre extensos diálogos, los que son interrumpidos por un preciso y efectivo momento de clímax. Y, ahí, ¡pum!, la trama que se sacude. Me sacudo.Imposible no hacerlo cuando cinco balas ingresan, en cámara lenta, en el cuerpo de una de las víctimas. Solo el cine hace bello a un momento como ese.

Me limpio la sangre y sonrío.

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