Soy Mano: No hay relojes, hay momentos

Por Víctor Koprivsek

sábado, 7 de enero de 2012 · 00:00



La entrada del Hospital Austral, frente al barrio cerrado La Delfina, a cuadras del barrio abierto La Alborada (por un lado) por el otro el Cruce Derqui. Sí, porque todo eso está en la ciudad de Derqui. Y en el Partido de Pilar claro, Provincia de Buenos Aires para los despistados. Planeta Tierra. Galaxia… perdón, me olvidé el nombre de nuestra galaxia. En fin, universo.
Cien metros a la redonda lleno de banderas con nombres de “conductores” políticos ¿Conductores? ¿Jefes? ¿Líderes?
Con mensajes, títulos de agrupaciones, colores, nombres. Pasacalles, publicidad, adhesiones, liturgia. Mientras en Facebook los mensajes y comentarios se retuercen con odio. Resentimiento y discriminación (por un lado) el visible, el que dicen que vende.
Silencio y oración (por el otro). Digo, el de las casas calladas de los muchos. La mayoría. Sí, la mayoría señora, aunque le duela, aunque le revuelva las tripas.
Y afuera, en la entrada del Austral… tanto se dice de ese hospital, les cuento así en voz alta, para que sepan las cosas que se dicen en la ronda de la esquina, entre vecinas, en bares y supermercados.
“Hotel de lujo para los enfermos”, “ahí te prohíben usar preservativos y pastillas anticonceptivas”, “Opus Dei”. “Si no tenés obra social, te morís en la puerta tranquilo nomás”.
Tanto se habla y se dice de ese lugar, como de todos, hasta de ella. Tanto se la putea, tanto mail en cadena deseándole lo malo. Sí señora, también se me revuelven las tripas con semejante falta de respeto.
Y afuera, sobre la ruta 234, todos juntos pero divididos. Pero juntos, teniendo que compartir el espacio sin monopolio. Todos jóvenes militantes. Y periodistas, docenas de ellos con sus cámaras de TV, sus equipos y antenas y traffics. Conviviendo mientras el asfalto escucha.
Algunas pibas con guitarras, otros maltrechos. Algunos sin dientes, otros con corbatas. Ellas y ellos y la vigilia. Espalda con espalda mientras las horas pasan y el sol y el agua de los bomberos (de Derqui) y la sombra de lo que quedó.
Se va mezclando la cosa viste, como siempre, ricos, pobres y los del medio.
La fila de autos por las calles laterales, andar lento, despacito… ¿no, muchacho? Despacito para no romper los amortiguadores.
Hace calor y la gente de tránsito (para sacarse el sombrero, papá).
Y ella adentro, recién operada. Todos sabemos lo que es estar frente a una operación, o que algún ser querido pase por eso ¿no? Y la palabra cáncer rondando como una hiena.
Hay cosas con las que no se jode.
Con esto quiero decir que un nuevo tiempo está cerca. Que en esta batalla terrible la cabeza ya no manda y que el tiempo de las ideologías está muerto. Que de ahora en más el corazón tiene la manija. Los buenos sentimientos, la nobleza de la sensibilidad, la ternura.
El reloj dejó de marcar las horas, ya no hay horas ni relojes. Hay momentos.

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