Soy mano: Grandes mujeres, historias mínimas

por Gabriela Labale
sábado, 3 de septiembre de 2011 · 00:00

 

Otra vez invito a l@s lectores de la columna a compartir un par de historias de mujeres, de por acá, que quizá ustedes conozcan. Mujeres que por diversas cuestiones aunque parezcan mínimas merecen mi cariño y admiración.

Dos de ellas son madre e hija y en el local de la calle Víctor Vergani, reciben a su abultada clientela con una enorme sonrisa, música y ganas de, aunque sea por un ratito, cambiarte el día. Hace muchos años las conozco, en especial a Graciela mamá, y en tanto tiempo he podido comprobar que con la astucia de las tijeras y los pinceles coloreados han alegrado o al menos mejorado la vida de muchos. Nadie pero nadie que necesite de sus servicios se va de allí sin haber solucionado su problema, así he visto llegar a bebés recién nacidos, muchachitos que al día siguiente tienen que presentarse a su primer trabajo, viejitas con la bolsa de los mandados y el monedero vacío, abuelas que sienten a la peluquería como una prolongación de su casa, novias y quinceañeras repletas de sueños. Para cada uno hay una palabra de aliento, una broma o un abrazo de consuelo si es que hace falta. La generosidad y la buena onda son las características de las dos Gracielas que hacen de su trabajo una sinfonía cotidiana. El 25 de agosto fue el día del Peluquero y desde acá va mi pequeño homenaje que seguramente much@s vecinos compartirán.

La otra es una muchacha joven, creo que cumplió 34 años. Se llama Carla Ponsone y es nada más y nada menos que la presidenta de la Biblioteca “Palabras del Alma”. La conozco desde los años del “Fátima” pero en el 2007 por un loco viaje que hicimos con un grupo a Bolivia y Perú estrechamos lazos y nos reconocimos como “amigas”.  Compartimos ideas, mateadas, sueños y una enorme pasión por esto que a Stella Fraquelli le gusta llamar “militancia operativa”. Carlita tiene un corazón enorme y tanto, tanto para dar, que no sólo se conformó con soñar una biblio en una plaza, con un carrito que acarreaba los libros, sino que se atrevió a la maternidad adoptiva convirtiéndose en la mamá de Siria una niña que con 6 años  llegó a la casa para poblar su vida de juguetes, caricias y besos. Hoy festejaremos su cumple, como corresponde, en Peruzzotti, con un café literario a las 18, abierto a la comunidad pero con una sola condición: el regalo para la homenajeada… ladrillos huecos para construir el definitivo espacio para la biblio.Historias mínimas protagonizadas por grandes mujeres, esas que quizá nunca recojan los manuales.

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