La voz de los adolescentes, en una película que invita al diálogo

En el Village de Pilar se podrá ver "Un lugar, una voz, un futuro". Son historias de chicos de pueblo que buscan unir a sus comunidades. La entrada es gratuita; se pide un útil escolar
domingo, 11 de septiembre de 2011 · 00:00

 

El filme muestra cómo los chicos debaten cada uno de los proyectos en pos de la unidad de sus pueblos.

 

 

La experiencia de un grupo de adolescentes de la Argentina, que organizan un club para reunir a la comunidad, ponen al aire una radio en zonas rurales y diseñan una campaña publicitaria contra la deserción escolar, son las historias que reúne la película “Un lugar, una voz, un futuro”.

El film podrá verse hoy, Día del Maestro, y el domingo 12, en los cines Village de Pilar, y del barrio porteño de Caballito, y Rosario, a las 19, y en los Cinemark de Palermo y Mendoza, a las 20.

Si bien la entrada es gratuita, los asistentes deberán llevar un útil escolar, que se destinará a colegios de nivel medio de distintos lugares del país.

La película, producida por el Ministerio de Educación y la productora “100 Bares” del director Juan José Campanella, comienza relatando la experiencia de adolescentes de Lago Puelo, en Chubut, de Elcano, en Córdoba y de Andresito, en Misiones.

Como en las tres ciudades no existe un lugar de reunión para la comunidad, el desafío que se plantean chicas y chicos es armar un espacio de esparcimiento y diversión.

Conseguir un lugar físico, lograr el apoyo de los adultos,  definir actividades, el nombre, juntar el dinero necesario y realizar los trámites, son parte del camino que recorren, nunca exento de desilusiones, pero sobre todo, de entusiasmo.

Cómo lo logran, qué logran y el perfil que definen para su club son escenas que se mezclan con los testimonios de jóvenes con realidades familiares, sociales y económicas muy distintas. Se unen en un proyecto común y el film muestra hasta dónde pueden avanzar.

La “estética Campanella” logra plasmar con imágenes y testimonios los sentimientos encontrados de la adolescencia y da otra imagen de los jóvenes, bastante alejada del rol de víctimas o victimarios que prioriza la televisión.

Esa es justamente una de las consignas de los estudiantes de Los Varela (Catamarca), Puerto Pirámides (Chubut) y Solís (provincia de Buenos Aires) cuando aceptan el desafío de armar una radio: “No queremos que se nos relacione sólo con la droga, el alcohol y las peleas”, dicen en el inicio de la segunda parte de la película.

A partir de este tramo, el film acompaña el proceso que termina en la concreción de una FM en estos pueblos que no superan los 1.000 habitantes y que carecen de un medio propio.

El desafío planteado por los docentes para iniciar el proyecto, las reuniones previas, el trabajo con profesionales de radio y un final para cada historia merece verse en familia.

Porque el trabajo de comunicar a través de un micrófono va paralelo a la voz de las y los adolescentes que relatan sus miedos, logros, expectativas y estrategias de superación.

 

 

Los protagonistas Distintas historias, el mismo objetivo

Adolescentes madres, jóvenes músicos, chicas que dejaron sus provincias para buscar oportunidades de trabajo y estudio, chicos que sostienen económicamente sus casas, todos con sueños de seguir adelante, le dan voz a distintas realidades, tan variadas, como el país mismo.

La diversidad queda también plasmada en el cierre de la película, donde se relata la tarea conjunta que Nicolás de Córdoba, Rolando de Mendoza, Melí de Chubut, Juana de Buenos Aires, Verónica de Jujuy, Rodrigo de Chaco, Daniel de González Catán y Melisa de Misiones realizan para la campaña publicitaria “Yo puedo vos podés”.

El objetivo es lograr piezas publicitarias gráficas y radiales contra la deserción escolar. Apoyado por dos profesionales de la publicidad, el grupo de adolescentes reflexiona sobre sus distintas realidades, genera el  título de la campaña y los textos.

El periodista Lalo Mir graba con ellos los spots radiales y  con Andrés Giménez y su banda D-Mente, definen la música. En el proceso aparecen las reflexiones de los chicos sobre la violencia, la sexualidad, la falta de adecuación de la escuela a las nuevas realidades de la cultura adolescente, sus distintas familias -muchas con padres o madres ausentes- y sus ganas de seguir adelante.

Un club para mi pueblo, sueños de radio y “Yo puedo vos podés” son la excusa perfecta para crear una película que dura una hora, a la que se accede solidariamente llevando un útil escolar a cambio de una entrada. Además invita a que adultos y jóvenes la compartan, la disfruten, se rían y emocionen, y sobre todo, se permitan una larga charla posterior sobre “Un lugar, una voz, un futuro”.

 

 

 

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