El espectador: Gracias Pedro

* por Liliana Sánchez
sábado, 30 de julio de 2011 · 00:00

 

Fue exactamente el Día del Amigo y después de una larga conversación telefónica con un gran amigo mío, que decidí regalarme “A solas con el mundo”, el concierto de Pedro Aznar programado en el Teatro Coliseo de Buenos Aires.

Llegué temprano a la sala, eso me dio la posibilidad de observar. La vereda estaba colmada de gente de todas las edades, la mayoría sonriente, conversando, entusiasmada como yo. Muchos, de mi generación y otros, muy jóvenes. Fue muy lindo ver a los padres con sus hijos compartiendo el recital de este gran músico argentino. Se fueron sumando más espectadores, algunos esperando en la plaza; no hubo cola, tampoco fue necesario hacer una, ya que en el momento en que se abrieron las puertas del teatro fuimos entrando de manera muy ordenada.

Me la pasé un buen rato observando cómo se iban llenando las butacas hasta no quedar un asiento por ocupar, recién ahí, el público se hizo notar, y a los pocos minutos se levantó el telón.

A partir de ese momento se exacerbaron mis sentidos y perdí noción del tiempo y hasta podría decir del espacio. Vaya sorpresa el saber que no sólo yo me había permitido regalar este concierto, sino que Pedro Aznar estaba festejando su cumpleaños arriba de un escenario, cumpliendo así, un sueño que lo venía persiguiendo durante un buen tiempo, y que se hizo realidad el sábado pasado. Como cumpleañero se concedió y nos dio a los espectadores varias gratificaciones. La primera, fue invitar a una de las mejores voces femeninas de la Argentina, dicho por él y a lo que adhiero totalmente; me di el gustazo de escuchar a Roxana Amed, una maravilla. Son grandes amigos y ambos se emocionaron en el escenario, se fue Roxana y Pedro siguió cantando, pasando de una zamba a “Media Verónica”. La segunda y, también sorpresa, fue Lito Vitale, con quien estuvo muchos años distanciado. El abrazo de reconciliación, según cuenta Pedro, entre broma y broma, se lo dieron en París.

Después de escuchar a Lito en el piano yo ya estaba más que hecha, pero parece que Pedro no, tuvo su merecido final y sopló las velitas.

Un gran concierto, en el que este músico argentino demostró sus destrezas de una manera estremecedora, cantó y gritó, y empleó, en cada tema, un instrumento distinto. Algunos temas fueron en inglés y también incentivó al público ¡para que lo acompañásemos cantando!

Fueron casi dos horas y media de espectáculo, y, para rematar, lo llevó a Charly con sus “Confesiones de invierno”. Con la piel de gallina y de pie, muchos, a esta altura, ya estábamos moqueando, y, con ese respeto que sólo “los grandes” inspiran, en un silencio se escucha un “Gracias Pedro”. Súper emocionada y feliz emprendí la vuelta. Mi garganta cerrada no me permitió decirle en el recital lo que me hubiera gustado: GRACIAS PEDRO.

 

* Artista Visual

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