Soy Mano: Tras los pasillos de Mugica

por Graciela Labale
sábado, 2 de julio de 2011 · 00:00

 

 

Por un rato sentí que el tiempo no había pasado, aunque fueron más de 35 años. No puedo decir que las cosas están iguales, cambiaron muchas, pero sí que el espíritu de algunos está intacto. La nostalgia de un tiempo dorado, la curiosidad después de un reportaje en el canal Encuentro, la vuelta del feriado de carnaval con sus tradicionales murgas rioplatenses, me llevaron a conectarme con Nelly Azul Benitez, 42  años y 41 de vivir en la Villa 31 de Retiro. Entre otras actividades que desarrolla en el barrio, también es proteccionista de animales, es nada más y nada menos que la fundadora de la Murga “Los Guardianes de Mugica”. No hubo demasiados “trámites” ni “negociaciones” para que nos abriera las puertas de su casa y de su corazón, junto a su compañero de lucha: Ramiro Giganti. Había mucho para hablar, años de preguntas y respuestas se amontonaron en una conversación desordenada, como todas las que suelo tener, en el patio arbolado, con el mate cocido y los bizcochitos que iban y venían. Me cuenta que pertenece al grupo de las 40 familias que quedaron tras la topadora de Cacciatore, en plena dictadura, cuando una autopista era más importante que la vida de la gente. El padrecito Carlos ya no estaba, lo habían asesinado pero su huella se había marcado a fuego en estas familias que se plantaron para resistir. Se acuerda cuando le pasaron por encima a la casilla que su mamá y los hermanos mayores habían levantado con tanto esfuerzo cuando llegaron desde su Chaco natal con la ilusión de una vida mejor, como tantos. Y cuando debió abandonar la escuela en 5º grado ya que también destruyeron 3 establecimientos, sólo quedó uno, diezmado, y en él, claro, no cabían todos los pibes de la villa. Pero Nelly no bajó los brazos, aprovechó su tiempo para leer cada libro que caía en sus manos, hasta que finalmente pudo insertarse en una escuela “de afuera”. Terminó la primaria, la secundaria, hizo periodismo, locución y algunos años de abogacía. Pero siempre volvió al barrio, a su gente y sus necesidades: catequesis, apoyo escolar, deportes y hasta un equipo de fútbol femenino pasaron por sus manos. Pero fue un 7 de octubre de 1999, cumpleaños del cura Mugica, cuando sus restos fueron a descansar definitivamente a la capilla del barrio que vio entrar el féretro, cargado a pulso por los mismos que jamás lo olvidaron, entre bailes y cantos de la murga “Los crotos de Constitución”. Ahí pensó que quería armar una murga así en la villa. En ese momento algunos se preguntaban quiénes cuidarían la tumba del padrecito, temiendo que la profanaran las bestias de siempre, cuando Nelly respondió: “nosotros la cuidaremos, seremos Los Guardianes de Mugica”. Sólo bastaron unos cuantos papeles escritos a mano pegados por toda la villa para que un puñado de chicas y chicos que aún la acompañan pusieran en marcha el sueño de hacer algo que los aleje de los peligros y los resguarde del destino que muchas veces esta sociedad desigual les tiene asignado. “Nosotros elegimos luchar con alegría, luchar por una vivienda digna, por más y mejor educación y salud pública para todos, por todo eso cantamos, bailamos y luchamos cada día, no creo en la salvación individual”, repite esta mujer de sonrisa ancha, de la que seguramente Carlos Mugica, esté donde esté, se sentirá orgulloso. Casi en la despedida me cuenta un último recuerdo: “tenía sólo 2 años y medio cuando un día me perdí en la villa, todos me buscaban desesperados, Él salió con un megáfono recorriendo los pasillos hasta que me encontraron jugando lo más pancha. Yo lo recuerdo como alguien que pasaba e iluminaba todo”. 

Hoy es Nelly la que con su luz y su lucha lo ilumina todo.

 

“Un cura se despierta, preocupado en el cielo.

Y mirando en lo alto, empieza a lagrimear,

pues sus sueños arruinados no podrían continuar,

más la semilla que el sembró en una murga floreció.

Sos la murga villera,

la primera que nació, en el barrio de Retiro…

La moneda arañada que juntamos con amor

es la unión que el padre Carlos nos legó…” 

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