Soy Mano: Tangos nuevos

por Graciela Labale

14 de mayo de 2011 - 00:00

 

 Ni Manzi, ni los Expósito, ni Eladia, ni Discépolo son fácilmente superables. Por siempre, los gustadores de los buenos tangos, seguiremos escuchándolos y disfrutando de tanta poesía con la piel de gallina y el corazón abierto. Pero por suerte, y para que el género siga vivo, hay tangos nuevos, no muy difundidos, con letras que hablan del hoy, de situaciones cercanas que se dan aquí y ahora. Tan cercanas que éste que elegí, para compartir con los lectores Soy mano, un tango tragicómico, sitúa a su protagonista en un country de Pilar.

 

* El pelado y la mocosa

 

Él se amasijaba en el laburo, era capo en un seguro con casaquinta en un country de Pilar. El colesterol hasta las tetas, cuatro pelos en la maceta que se estaban por piantar. Él fumaba puros por las noches con compañeros de pócker que no lo podían ni ver. Y garpaba en Panamericana por una mina en la cama cada primero de mes.

 

Ella andaba siempre con mocosos que se iban al Mato Grosso a practicar meditación trascendental. Libros de tarot y Dalai Lama, saltaba de cama en cama, marihuana, amor y paz. El paño con las artesanías no paraba la alcancía y tenía que compartir el alquiler. La rebuscaba de camarera pero se iba con cualquiera que le hablara bien del Che.

Y ahora él le pide que vuelva a su country de Pilar. Porque las noches se llenan de fantasmas y de penas cada vez que ella se va. Y ahora él le pide que vuelva a su country de Pilar. Porque la guita no alcanza y el alma no tiene panza cada vez que ella se va.

 

Ella andaba siempre en bicicleta, daba guita a los franelas, le gustaban las remeras de Greenpeace. Él no conocía las alpargatas, se aflojaba la corbata solamente pa’ dormir. Ella le sonreía a todo el mundo y a los perros vagabundos los llevaba hasta su casa pa’ dormir. Él montaba el pingo en la oficina si veía que alguna mina le dejaba de escribir.

 

Ella y el colirio en la mochila, era militante activa en contra de los palmitos y el atún. Él no se había ido nunca de picnic y arrancaba con el whisky a la hora del vermouth. Ella andaba con malabaristas, tatuadores y murguistas, perogrullos del sanpedro y el hachís. Él se atragantaba con pericias y la biaba de noticias financieras del Clarín.

 

Y ahora él le pide que vuelva a su country de Pilar. Porque las noches se llenan de fantasmas y de penas cada vez que ella se va. Y ahora él le pide que vuelva a su country de Pilar. Porque la guita no alcanza y el alma no tiene panza cada vez que ella se va.

 

* Si tienen ganas de escucharlo buscar en Youtube a “La Guardia Hereje”, cualquier parecido con la realidad no es mera coincidencia.

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