Apuntes desde la otra vereda: Super 8 o el cine como ejercicio nostálgico

por Hernán Deluca
miércoles, 28 de diciembre de 2011 · 00:00

 

Si todavía están del otro lado, recordarán que la semana pasada cité a las películas más destacables de  2011. Para mí, claro. Una absurda y arbitraria lista, donde apenas me referí a ¡4 títulos! ¿Qué pasa, no hay más? Sí, hay más. Pero así es el vago e injusto escritor.

Ok, es imperdonable. Sobre todo en estos días, jornadas entre paréntesis, con tiempo de sobra para ver esa peli de la que todo el mundo me habló y yo la ignoré. Hernán, no todo gira alrededor de estas maratones gastronómicas. Entre lechones y pavitas, podés ponerte al día con aquello que se te escapó de la pantalla grande.

A ustedes les habrá pasado, le dieron play como si nada y terminaron viendo una historia que les salvó el día. Fue hermoso.

Ahí estaba, revolviendo los escaparates de la revancha, cuando di con “Super 8”, el film producido por Steven Spielberg y dirigido por el cerebro detrás de la serie “Lost”, J. J. Abrams. En el trabajo, en el teatro, en reuniones varias me habían hablado de esta película, que me iba a gustar, que me iba a conectar con mi niñez, cuando el mundo giraba gracias a los carretes de una videocasetera. Bueno, todos los que hablaron tenían razón.

Desde “Tiburón” (1975) a esta parte, Spielberg nos enseñó que el cine comercial puede ser entretenido, taquillero y de muy buena calidad. Que lo pochoclero cuando es respaldado por geniales guiones es más efectivo y que la mirada de un artista cinematográfico puede influir tanto a la mirada de los espectadores que con ver un solo encuadre o escuchar una melodía sabremos quién está del otro lado. La marca del autor.

Es verano de 1979. Estamos en la estación de tren de un pequeño pueblo de Ohio. Es de noche. Allí, un grupo de niños se encuentra rodando un cortometraje que tiene romance y zombis. Todo marcha bien, hasta que una camioneta se sube a las vías y emprende una marcha furiosa contra el tren militar que se aproxima. Choque, explosión, gritos y chaperío volando por los aires. Los chicos que se salvan de milagro. Silencio y golpes. Algo late en uno de los vagones. La puerta que vuela y eso que estaba en su interior, se escapa. Huye, internándose en el vecindario. Por suerte, la  cámara de súper 8 lo registra todo. 

Niños, elementos fantásticos, ausencia de adultos y mucho suspenso. Si señores, estamos ante un film que tiene a Spielberg como referente. El Rey Midas del séptimo arte. Es como si el director de esta maravilla, Abrams, haya querido rendirle un homenaje a su maestro, poniendo a “E.T.” (1982) y “Los Goonies” (1985, escrita y producida por Spielberg), como principales banderas de la estética planteada.

“Super 8” es una película nostálgica y en esa idea reside su principal virtud. Como las cintas citadas, esta es una aventura juvenil bien de los ‘80, con pequeñas pinceladas dramáticas, donde la terrorífica amenaza que anda dando vueltas por el barrio es un poroto al lado de los conflictos de los adultos, (divorcios, alcoholismo, etc.). Y, donde la amistad, el primer amor, el miedo a lo desconocido y el peso de la culpa, todos temas “spielberianos”, también se hacen presentes. Para los que se “educaron” con el VHS, para los que disfrutan de un cine de aventuras que valoriza al espectador, vaya esta historia, una de las mejores de este 2011.

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