Apuntes desde la otra vereda: Lo que me hace ruido

Por Hernán Deluca
miércoles, 14 de diciembre de 2011 · 00:00

 

“Cuando tenés más de treinta, los años no pasan, te atraviesan”. Esto me lo dijo un profesor, en la secundaria, y cuánta razón tenía. En aquel momento no le di bola, claro, tenía 17 y poco interés por escuchar frases de ese tipo.

Hoy, miro el almanaque de reojo, comprendiendo que aquella barrera fue superada hace tiempo. Igualmente, ja, estoy bárbaro. Bueno, no tanto. Hay un problemita en la cintura, también en la rodilla y la vista que no me muestra las cosas como debería. Pero nada importante. Eso sí, que los años vuelan, vuelan.

Me pasa siempre, pongo un pie en diciembre y aparecen estos pensamientos intrascendentes. Qué cosa. Por suerte, el sonido de un adelantado petardo me saca de este estado cuasi insensible y me obliga a pensar en otra cosa. O, al menos, escuchar algo más agradable. Momento ideal para revisar parte de la música que me ha mejorado el 2011.

Sin dudas, el primero en mi lista es “Wasting light”, de Foo Fighters. Rock, hecho y derecho. El mejor trabajo de Grohl y compañía, en años. Desde la primera escucha me di cuenta que estaba ante un futuro clásico. Poderosas y adictivas, las once canciones musicalizaron asados con amigos y liberaciones solitarias. Es decir, lo que siempre pido. “Walk”, el tema que cierra el trabajo es de esos que te sacan de la cama, te obligan a caminar con prisa, traspasar cuerpos con la mirada, escuchar a tu propia voz en la cabeza para terminar sentado en un banco de la plaza, contemplando lo más pequeño. “Estoy corriendo a través de la lucha… No quiero morir”.

En un registro totalmente distinto, también pongo bien arriba a “Let England shake”, la vuelta de PJ Harvey al mundo discográfico luego del melancólico “White chalk” (2007). Como en sus mejores momentos, Polly vuelve a conmover. ¡Esa voz! Sincera, dulce y agresiva. Oscura y encendida. Letras definidas por la propia artista como “políticas” son guiadas por percusiones militares, coros masculinos, trompetas y guitarras levemente distorsionadas. Un disco “optimista” que habla de tragedias sociales en la Inglaterra de ayer, hoy y siempre. Exquisito, barroco, climático, necesario.

Que R.E.M. se haya separado fue una de las peores noticias de este año. Eso y el descenso de River.  Al menos, los muchachos liderados por Michael Stipe no me dejaron con las manos vacías. Antes de abandonarme, dejaron un gran disco llamado “Collapse into now”, la perfecta síntesis de su sonido. Toda su estética sonora está en ese trabajo: el rock con melodías en “It happened today” o “Mine smell like honey”, el folclore moderno en canciones como “Überlin” y “Oh my heart”, verdaderas joyas que podrían haber sido parte de “Green” (1988) o “Automatic for the people” (1992). En “Discoverer” y  “All the best” aparece el punk y el obligado contrapunto, sacudiéndonos a pesar de las lágrimas. Los extrañaré.

Para el final, dedico mis oídos a un lanzamiento local; “Volviendo a las cavernas”, lo nuevo de Pez. Distorsión, psicodelia, recorridos sonoros en cada uno de los instrumentos y energía en la palabra, una constante en la lírica de su líder, Ariel Minimal. Rock que empuja. Un disco atronador que restaura la sangre, el verdadero antídoto ante tanto pop latino. En mi caso, “De cómo perdió el hombre” y “Seremos recuerdo” son las dos canciones que me recetó el médico para este fin de año.

 

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