OCTUBREANDO: Desde el ático

por Horacio Pettinicchi
octubreliterario@yahoo.com.ar
martes, 13 de diciembre de 2011 · 00:00

 

El hombre robusto y de grandes anteojos mirando el Mar Cantábrico, ensimismado en su rugido, en la absoluta omnipresencia de ese mar verdadero, violento e irascible, dejó de ser un extraño para los habitantes de la asturiana Gijón, para convertirse en uno de ellos.

Y cuando no esta ahí saben que lo encontrarán en el ático de su casa, consultando algunas de sus doscientas libretas de tapas negras, escribiendo, apoyando su cuaderno en una tabla de amasar que le regalara un viejo panadero de Hamburgo el día que la artritis le imposibilitó sus manos, tabla que aún conserva grumos de harina pegados, “pues huele a vida, al olor más noble: el pan”, suele decir el hombre.

De ahí nacen sus historias, de esas libretas y de las fotos, donde guarda retacitos de lugares recorridos en su largo exilio, luego de ser liberado por la dictadura de Pinochet en 1977.

Porque Luis Sepúlveda, y de él se trata, es un incansable trotamundos además de ser uno de los escritores mas leídos en Europa.

Su obra, amplia y variada por cierto, incursiona en el relato ecologista, el cuento infantil, la novela de intriga, negra, policial. “Un viejo que leía novelas de amor”, novela que transcurre en la selva ecuatoriana, en el mundo de los indios shuar o jíbaros, que fuera  llevada al cine  por el director Miguel Littin bajo el título de “Tierra del Fuego”.

Entre el género negro cabe destacar “Hot line”, protagonizada por un detective mapuche,

“La sombra de lo que fuimos”, una de mis preferidas, en ella el autor reúne luego de treinta y cinco años de exilio y desarraigo a tres sexagenarios, antiguos militantes de izquierda, para ejecutar una temeraria acción revolucionaria. Emotivo é incorruptible ejercicio literario, historia crepuscular y absoluta reivindicación de los que perdieron, escrita desde la mera entraña que no puede dejar de conmover, generacional obra que no deja de arrancarnos una sonrisa, pero que a la postre nos hace reflexionar sobre la eterna permanencia de los ideales.

 

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