APUNTES DESDE LA OTRA VEREDA: Silencioso provocador

por Hernán Deluca
miércoles, 30 de noviembre de 2011 · 00:00

 

 

Finales de los ochenta, mi viejo y una obsesión particular. Si notaba que un actor o director me encandilaba, salía corriendo hacia el video club y, al cabo de unos minutos, llegaba con una pila de casetes donde aquella figura era el común denominador. ¿El resultado? Horas y horas acrecentando el rojo de mis ojos, descubriendo algo nuevo. Iniciación pura.

Ver a un jovencísimo Jeff Bridges en aquel film de Michael Cimino fue amor a primera vista. Lo mismo me pasó con Tommy Lee Jones y su actuación en “La hija del minero” (1980). Ni hablar de “La mano” (1981), primer film de un desconocido Oliver Stone o “Vincent” (1982) el cortometraje de un tal Tim Burton. Créanme, la sensación de creer que se está descubriendo algo es inigualable. Mi viejo lo sabe.

De todos aquellos “íntimos ciclos” dedicados a una figura del séptimo arte, hoy quiero recordar al vivido frente al cine del inglés Ken Russell. No sólo porque acaba de dejar este mundo, sino por ser uno de los más curiosos e inquietantes.

Por hacer un cine un tanto provocador, que se corría de los buenos modales y de un registro conservador, presente en las obras de sus colegas, Russell significó una pequeña transformación, una bocanada de aire fresco en el cine británico de finales de los sesenta.

Como suele ocurrir, sus primeras armas las hizo en la televisión, encarando variadas biografías que tenían a figuras de la música como protagonistas. Eran telefilms que, aquí, afortunadamente, se pudieron ver gracias a las ediciones en VHS. De toda esa serie producida por la BBC destaco “Mahler, una sombra del pasado” (1974), la que recuerdo, fundamentalmente, por cómo Russell se desprende un tanto de la típica biopic para adentrarse en la mente del músico, en su empecinada neurosis con la muerte.

Para los amantes del rock y no tanto, “Tommy” (1975), el traslado del cuarto disco de los Who a la pantalla grande sea, tal vez, su película más recordada. Una ópera rock que cuenta a lo largo de 24 temas la historia de Tommy, un niño que se queda sordo ciego y mudo después de ver cómo es asesinado el amante de su madre a manos de su padre. En la mirada de Russell, esto fue al revés, quien muere asesinado es el padre. Simplemente, porque para un niño esto es mucho más perturbador.

Desconociendo bastante lo concerniente al mundo del rock, a Russell solo le interesó unir una música única con una imagen sorprendente. Lo logró.

“Estados alterados” (1980) es de esas películas que todos vimos en algún momento pero nunca recordamos su nombre. Delirante y bizarra, con mucho LSD en el guión, este verdadero viaje al fondo de la mente fue destrozado por la crítica al momento de su estreno. Pero, el tiempo se encargó de ubicarlo en el lugar correspondiente: como uno de los más extraños films de ciencia ficción de todos los tiempos. Un científico (William Hurt, soberbio) se somete a experiencias de privación sensorial y consumo de alucinógenos para alcanzar estados alterados de conciencia. Tras angustiosas experiencias descubre que cada uno de nosotros lleva millones de años almacenados en la mente. ¿Qué? Sí, eso.

En estos tiempos de cuevanas y aledaños, donde la oferta es mucha y variada, no está mal a la hora de elegir qué ver, animarse a alguien como Ken Russell, un realizador que no se conformaba solamente con contar una historia. Claramente, deseaba provocar algo con sus ficciones. Hoy, todas de culto.

Comentarios