OCTUBREANDO: Diario de una escuadra

por Horacio Pettinicchi
octubreliterario@yahoo.com.ar
martes, 15 de noviembre de 2011 · 00:00

 

 

Rostros graves y banderas en alto, hombres y mujeres de rostros graves que alzaban la fraternal é igualitaria bandera tricolor junto a la roja enseña de la esperanza. Flores, miles de rojas flores, rojas como la sangre, para despedir a Henri Barbusse en el cementerio de Pére Lachaise, ese día de 1935

Ahí estaban, si no en cuerpo pero sí en espíritu, aquellos que lo leyeron, que creían en él, estaban ahí escuchando a André Malraux leyendo un mensaje de Romaní Rolland. Ahí estaban los del Grupo Boedo que le dieron cabida en sus publicaciones, Manuel Ugarte que fuera invitado por Barbusse a integrar el Comité de Redacción de Le Monde, junto a Einstei, Gorki, Unamuno y más, muchos más. Estaban Deodoro Roca, Roberto Arlt, Álvaro Yunque, Elías Castelnuovo, César Tiempo y tantos otros que, un año antes, respondiendo a su llamado firmaron un documento contra el fascismo que avanzaba a  paso de ganso en el mundo.

Y estaban las lágrimas del judío, el perseguido, el hebreo de la diáspora rindiendo homenaje al escritor que desde Moscú, donde estaba radicado, diera a conocer una larga carta de amistad y solidaridad para con su pueblo, porque a un escritor se lo juzga por sus escritos, no por lo hecho o lo que dejó de hacer.

Combatió en la Primera Guerra Mundial como soldado de infantería, y desde la cama de un hospital escribió la novela “El fuego” que subtituló “Diario de una escuadra”, ganando el Premio Goncourt.

Su prosa brutal, desconcertante, cimentada en el total repudio a la guerra sufrida por quienes no la desean ni nada ganan con ella, lo llevó a ser reconocido en su país.

El carácter humanitario y antimilitarista de sus relatos, inauguró una línea literaria de crónicas realistas que gozó de gran popularidad y se continuó en escritores como Erich M. Remarque y Curzio Malaparte.

No pasó mucho tiempo para que se adhiriera formalmente al Partido Comunista, publicando novelas de neto corte social como “Claridad” (1919), “Resplandor del alba” (1921), “Palabras de un combatiente” (1921), “Fuerza” (1925), y “Los judas de Jesús” (1927). Antes de morir, en la Ciudad Roja elaboró las biografías “Lenin” (1934) y “Stalin” (1935).

 

“Esos no son soldados, son hombres. No son aventureros, guerreros hechos para la carnicería humana (o carniceros o ganado). Son jornaleros y obreros y se les reconoce a pesar de sus uniformes. Son civiles arrancados de cuajo de su sitio. Están a punto. Esperan la señal para morir o matar, pero se ve, al contemplar sus rostros entre los rayos de las bayonetas, que son simples hombres.” (Fragmento de “El fuego”)

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