Apuntes desde la otra vereda: Alegría

por Hernán Deluca
miércoles, 26 de octubre de 2011 · 00:00

 

Domingos con urnas, ¡cómo me gustan! El entusiasmo, la energía que ríe ante la posibilidad de elegir, ya está aquí. Es una intensa agitación que salpica el aire. Desde la cama advierto que son muchos los caminantes en las veredas, los motores en las calles. Voces y colores, ecos que sobrevuelan con ganas y se detienen en estos ojos vidriosos. Los míos.

Ah, la mañana electoral. Me glorifica, me pone de pie, me dice que viviré otro día inolvidable. Afortunadamente, han sido muchas las jornadas como la de hoy. Mmm, pensándolo bien, no. Como la de hoy, ninguna. Morocha bandera que sigue apuntando hacia el futuro. Con vos flameo.

Tratando de no hacer ruido, levanto la persiana, deseo que el júbilo renueve el aire, infle el pecho. Corazón, hoy somos protagonistas de la ilusión que nos domina. Nuestra convicción ante todo. 

Votar es una fiesta que late en mi interior. Única e íntima. Cada gesto, como esta mirada esperanzadora que le arrojo al espejo, es consecuencia de una hermosa obligación. Y allá voy, estrujando al DNI como si fuera un objeto preciado. Lo es.

El humo, antesala de un asado, me acompaña hasta la escuela número 26. Buen día al fulano que levanta la mano desde aquella mesa y al conocido que nunca falla. Ese muchacho de mi edad que no veo desde hace años vuelve a estar aquí, con los brazos cruzados, en la fila, aguardando por su momento. Subo las escaleras y lo pierdo, intuyo, para siempre. Diez personas y al cuarto oscuro. Ingresar es atravesar un portal con aroma a porvenir. Creer y creer. Para celebrar lo realizado. Para consolidar aquellas cuestiones que uno considera primordiales y para que se trabaje en aquellas aún pendientes. Creer. Respiro, pienso todo esto e introduzco el sobre. El poder que enaltece. Un voto que, espero, también empuje a los que deben borrarse del mapa. Pronosticadores de lo peor que insisten en pisar otro país. Veo sus rostros en las boletas, escucho el aleteo. Buitres planeando un nuevo rechazo. El contraataque de la nada. Sólo por hoy, los ignoro.

Ya estoy en la calle, respirando este pensamiento común y alternativo que vibra en mi barrio, en mi país, en el continente. Sentimiento ideológico que a puro huevo sacude los modelos impuestos. Me gusta.

 

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