Soy Mano: Soy Mamá

por Graciela Labale
sábado, 15 de octubre de 2011 · 00:00

 

 

Las hay flacas, gorditas, blancas, negras, altas, rubias, coloradas, morochas. Coquetas o sencillas, adineradas o modestas, de hipermercado o almacén de la esquina. De cocina de olla o delivery; de bondi apretujado o 4 x 4.

Madres solteras, casadas con libreta, divorciadas, viudas, en pareja hétero u homosexual. Madres sustitutas, adoptivas, del corazón y madres que parimos a nuestros hijos eternizando un momento sublime… (Una mujer recuerda con memoria casi fotográfica el día en que nacieron sus hijos, hayan pasado los años que hayan pasado).

También están las Madres, y ya nadie, a esta altura, dudaría a quiénes me refiero, que son un poco las Madres de todos, Madres del coraje y la dignidad.

Pero todas, sin excepción, darían hasta su vida por esas personas que cambiaron su existencia por siempre; sólo basta pensar en las Madres del Dolor o las Madres del Paco o las que perdieron sus hijos en injustas guerras, seres a quienes les ha tocado enfrentar historias tremendas, crueles y sin embargo están ahí, levantando banderas solidarias para con otras que pasan por sus mismos pesares.

Y también están las que ya no están, las que partieron, como Flora, mi mamá, pero que han quedado grabadas a fuego en el corazón y que con el paso del tiempo las recordamos con una sonrisa evocando, como es mi caso, sus ocurrencias, sus costumbres que repito sin proponérmelo, sus refranes, su elegancia, sus anécdotas, su sociabilidad.

A todas les regalo un abrazo enorme y este poema maravilloso del más importante escritor paraguayo Augusto Roa Bastos, rescatado por una buceadora de poesía como lo es mi amiga Vicky Filippo. 

 

Madres del Pueblo

 

No cayeron tumbadas

por las balas,

se inclinaron tan sólo

 hasta la tierra.

Madres adolescentes,

centenarias abuelas,

toscas mujeres,

madres suaves,

piedra humana doliente,

leve corteza germinal.

Madres de estibadores,

rugosas campesinas,

chamuscadas obreras,

demacrada legión con

el rayo en los hombros

y la noche en las trenzas;

madres de embarcadizos

con ojos desgastados

por los puertos distantes,

chiperas estrujadas

como el maíz,

lavanderas como

agua de arroyo,

tejedoras que tejen

con el hilo nocturno

de su entraña,

burreras matinales,

pastorales mujeres,

esposas, hijas,

novias populares,

y también hijas sin

padres,madres sin hijos.

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