Soy mano: Estoy crocante

por Graciela Labale
sábado, 1 de octubre de 2011 · 00:00

 

 

“Me desperté de la siesta… levanté los brazos, moví las rodillas, giré el cuello… todo hizo crack…” Conclusión: no estoy vieja, estoy crocante! Esta frase me la mandaron unas amigas esta semana y la verdad me encantó. Esa costumbre de cumplir años trae aparejadas algunas inevitables cuestiones como ésta de los ruiditos o la llegada de la jubilación o el nido vacío o tantas otras que sería aburrido enumerar. Como contrapartida trae también un montonazo de maravillas, como por ejemplo el disfrute de “un tiempo sin tiempo”, el retomar viejos proyectos postergados, la vuelta a aquellos espacios que las bellas urgencias de una familia hicieron demorar, la llegada de los nietos, un amor quizá. El tema pasa, a mi entender, por no tenerle miedo a esta etapa y por mejorar la calidad de vida a medida que envejecemos, teniendo en cuenta que los humanos somos seres envejecientes desde que nacemos. Convengamos que ésta, más allá de las connotaciones personales, es una problemática actual: la proporción de personas mayores de 60 años se incrementa más que cualquier otro grupo de edad, en casi todos los países del mundo, dado que hay un aumento de la esperanza de vida y una disminución de la tasa de nacimientos.

De acuerdo al último censo, el 25% de la población de la Ciudad de Bs. As. tiene más de 60 años y la expectativa de vida supera los 80 años. De ahí que sea tan importante como sociedad, repensar esta etapa de la vida desde la prevención y con políticas públicas adecuadas.

La OMS señala que “el envejecimiento de la población puede considerarse un éxito de las políticas de salud pública y el desarrollo socioeconómico, pero también constituye un reto para la sociedad, que debe adaptarse a ello para mejorar al máximo la salud y la capacidad funcional de las personas mayores, así como la participación social y su seguridad”. Uno de los aspectos más importantes es hacer de la ciudad donde uno vive un lugar amigable donde poder circular sin obstáculos, aprovechar los espacios al aire libre, cruzar las calles con tranquilidad, contar con asientos para el descanso reparador, baños públicos y más.

Si todo esto lo pienso en función de la ciudad en la que elegí vivir, Pilar, considero que hay mucho por hacer. Una urgencia: nivelar las veredas para convertirlas en verdaderos caminos libres para los peatones y no una carrera de obstáculos; exigir que los medios de transporte sean accesibles para los mayores; semáforos para el cruce de calles con señales visuales y auditivas, y el tiempo suficiente para que todos alcancen a cruzar. La buena es que el Municipio cuenta con una Dirección de la Tercera Edad que seguramente en algún momento va a encarar estas cuestiones.

En lo personal creo que la clave pasa por ir adaptándose de forma paulatina a todos los cambios que sobrevienen sin luchar contra el calendario que es inexorable, fomentando la actividad, la autonomía, la formación de nuevos vínculos y grupos de pertenencia. Estar activo, conectado y con nuevos proyectos, dicen los expertos, parece ser el secreto.

En eso estamos!!!!!

 

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