Il Piccolo le abre las puertas a la cultura

Este mes comenzarán las actividades en la sala ubicada frente a la plaza. Habrá lugar para el teatro, la música y las artes plásticas.

4 de febrero de 2010 - 00:00

En marzo, UT8 abrirá la temporada de Il Piccolo con la obra “El paraíso”.

 

Con una programación abierta a diversas expresiones artísticas, Il Piccolo Teatro de la Asociación Italiana de Pilar iniciará este mes la temporada de actividades en su nueva sede ubicada en el primer piso de Yrigoyen y Belgrano, frente a la Plaza 12 de Octubre.

El flamante espacio, inaugurado en diciembre pasado, ofrecerá al público una amplia variedad de propuestas, que tendrá como columna vertebral al teatro (de la mano de la Unidad Teatral Ocho) y abarcará otras disciplinas como la música y las artes plásticas.

El puntapié inicial de esta movida se cristalizará el próximo sábado 20, a las 21.30, con la puesta del espectáculo “Dios los cría…”, que será encabezado por el guitarrista pilarense Héctor Bacci. Escoltado por el bajista Alejandro Calvera y otros artistas invitados. El músico montará un show a puro folclore y música ciudadana, que tendrá la modalidad de escenario abierto con el objetivo de que también pueda participar el público.

Los sábados 6 y 13 de marzo, la Unidad Teatral Ocho subirá a escena la comedia “El paraíso”, estrenada en 2008. Se trata de un trabajo inspirado en textos de Mark Twain, que tiene como protagonistas a los jóvenes actores Rocío Vázquez Sosa y Emanuel Vázquez Pirsch, quienes cuentan con la dirección de Manuel Vázquez.

El 20 de ese mes, la música copará nuevamente las instalaciones de Il Piccolo, esta vez de la mano del virtuoso guitarrista local Juan Pablo Ferreyra, quien recientemente fue papá.

 

Lo nuevo de UT8

En abril, el espacio ubicado en pleno centro de Pilar le dará la bienvenida al arte, de la mano de una exposición de pinturas que será auspiciada por la Subcomisión de Cultura de la Asociación Italiana. La muestra –primera de una serie prevista para el 2010– reunirá a artistas que asisten al taller de Eva Velázquez, quien se hará cargo de la curaduría.    

Hasta el momento, la programación de Il Piccolo se completa con el estreno de una nueva pieza representada por la Unidad Teatral Ocho, que saldrá a la luz en abril. La compañía saldrá a la cancha con una nueva comedia –aún sin título escrita por su director, que será interpretada por Patricia Catania, Norma Godoy y Anahí Ponsone.

“Se trata de una obra humorística que en cierta forma mantiene la tónica de ‘Q’ en paz descanse’ (estrenada el año pasado), aunque la temática que se aborda es totalmente distinta. La idea original era iniciar el año con la comedia dramática ‘El asistente’, pero debido a la aceptación que tuvo nuestro último trabajo y a que percibimos que la gente buscaba una obra para reírse, finalmente nos decidimos por ésta”, manifestó Vázquez.

“Somos bastante eclécticos en lo que hacemos –añadió el autor y director–, pasamos de una tragedia a la comedia. Pero últimamente nos dimos cuenta de que el público necesita reírse, es como que lo satisface más el género”.

El director de la Unidad Teatral Ocho adelantó a El Diario que siguen cerrado propuestas para presentar en el nuevo espacio durante el transcurso de la temporada. La visita de dos elencos porteños y una exposición del artista plástico local Alejandro “Gato” Maass, son algunas de las actividades que se encuentran en carpeta.

 

 

Apuntes desde la otra vereda

¿Será el calor? 

por Hernán Deluca 

Esporádicas escenas surrealistas sacuden la transpiración de una ardiente semana veraniega. Absurdas, inverosímiles, extraordinarias, yo las vi. Testigo privilegiado que entierra sus pies en el alquitrán de esa zona grotesca que se genera entre la cordura y lo insensato. Fuego.

No puede ser, algunas cosas la tenés que haber soñado, dicen las aburridas voces, el sonido ambiente de mis pasillos y rincones. Cuando esto ocurre, cuando la realidad quiere mandar, la duda se frota las manos y ríe por lo bajo.

Pero, quién sabe, tal vez tengan razón.

Ya sé, debe ser este calor obsceno que me adormece hasta dejarme en pausa. Para colmo, la venganza tiene nombre y apellido: Presión Atmosférica. De ella escapan mis brazos y piernas, las partes que insisten en esto de amanecer, transitar y dormir. La cabeza es otro tema. Alejada de toda prudencia se ha instalado en su propio infierno, esperando que el viento la despeine de una buena vez. (La pobre hace un esfuerzo descomunal por ignorar el alerta naranja de TN).

Repito, yo lo vi. Un Mickey Mouse con tortícolis y dolor de muelas baila o camina, no lo sé, frente al Palacio Municipal. Va y viene, corretea a una coreografía sin poder alcanzarla. Los niños, engañados por el envoltorio, ríen sin pedir explicaciones. Un pedazo de tela, que cuelga del balcón, distrae a Pinocho, el único que admite ser de madera. Solidarizándome con el error, esquivo los cables, tapo mis oídos y me retiro de esta fantasía que, tarde o temprano, pondrá en evidencia a los rostros que se ocultan tras las máscaras. Mi niñez merece otro final.

Lo viví. Un objeto enorme y silencioso interrumpe la intencionalidad del sol sobre mi andar. Es una sombra que oscurece las veredas. Es la bomba que cae en el mismo lugar, Hipólito Yrigoyen, entre Rivadavia e Ituzaingó. Antes, el conocido vuelo rasante acaricia las espaldas de los dormidos transeúntes, esos mismos que hoy no pueden escapar porque el cráter es demasiado grande. Cuando cese el ataque, las calles volverán a brillar al igual que las esperanzas.

Hace un par de días que me lo cruzo. Un viejo habitante de la soledad se ha mudado al costado de mi itinerario. Una vida se sienta frente a una precaria y minúscula construcción de ladrillos ubicada al costado de la ruta 8, a la altura del híper mercado del elefante. El primer día, su continua mirada y ese televisor rojo, muerto hace tiempo, logran intimidarme. Pero, al día siguiente un resto de coraje me arrima a su pava oxidada. Omitiendo a ese torpe gesto de urbanidad que le dice que no a todo, me planto en su patio y mateamos hasta cansarnos. El silencio posterior lo dijo todo. Confirmo, no lo soñé.

¿Qué regalan? Tiene que haber un beneficio detrás del madrugón. Sino, no se justifican las innumerables colas que pueblan las veredas de esta ciudad. Gente que le pone el lomo al dolor. El resto, apurados por ignorar al abandono, agachamos la cabeza y seguimos. Lo mismo hacemos ante todos esos que duermen donde pueden. Son como mi cabeza, seres en pausa. Es triste, pero creo haberme acostumbrado a la bronca que se traga con tal de recibir algo a cambio.

Y, en eso, el calor no tiene nada que ver.

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