Literatura

Soy Mano: Ramón Ayala

Por Victor Koprivsek

8 de diciembre de 2023 - 13:17

Estuve en su casa, compartimos palabras. Lo escuché contar sobre los gurises comiendo mango rojo sobre canoas cruzando el glorioso Paraná.

Río al que le dedicó los poemas y las canciones más bellos jamás escritos.

Nunca entendí por qué no lo veneramos como al semi dios lampalagua que fue.

Erguido, sobre un camalote mineral, llegó hasta nosotros con su guitarrón de 12 cuerdas revelando los misterios de la tierra y de los hombres.

¡Neike! ¡Neike!, gritó en el obraje donde los hacheros partían los huesos del quebrachal. ¡Neike! ¡Neike!, donde los cosecheros incendiaban sus espaldas con el fuego de la siembra y el látigo del capanga brillaba en el aire como una víbora.

Sus poemas cantaron la sangre derramada en la nefasta guerra, cobarde, que arrancó las raíces del vecino Paraguay.

Acordeona de suspiros, tu voz ronca se volvió flor del ceibo arrimando al pastizal una caricia de amor a la hora de la siesta.

Ramón Ayala, te viniste con la selva de la Mesopotamia y llenaste de espesura Buenos Aires.

Te volviste sabio de galaxias y constelaciones, extraterrestre infinito sin tiempo ni fronteras.

Tu posadeña linda se canta en cientos de idiomas y arranca ternuras de punta a punta del planeta.

Misiones, Corrientes, Chaco, ¿quién traducirá su cielo con tristezas y todo?

¡Ha muerto el gran poeta! El solemne y colorido gran poeta vegetal y caudaloso, como el río que lo nació un día de calor y naranjas.

Por eso, cuando estreché su mano con una sonrisa de niño llena de asombro en mi rostro grande, en su mismísimo PH del barrio porteño de Balvanera, sentí la comunión espontánea con el otro cercano, hermanado en un enjambre de agua y peces y crepúsculos.

Ramón Ayala y su Mensú. Ramón Ayala y su Gualambáo. Ramón Ayala y la picada profunda donde los rojos toros del hambre encaran el amanecer con la esperanza de la canción inmortal.

Ramón Ayala y su gloria, su épica, su caudal.

“Solita, en la penumbra verde del monte, libra sus pájaros de espuma la vertiente”. “Solita, en la penumbra verde del monte, libra sus pájaros de espuma la vertiente”.

Seguí leyendo

Dejá tu comentario

Te Puede Interesar