Literatuta

Soy mano: quisiera...

Por Graciela Labale

20 de julio de 2024 - 09:52

Un día nos dijeron que el 20 de julio se celebra el Día del Amigo, y así lo fuimos asimilando con disensos y consensos. En mis 73 años, sumé muchas y muchos amigos de todas las épocas. A algunos les tocó partir antes de tiempo, pero siguen presentes muy dentro de mí. Los que quedan son grandes personas, que a veces, por suerte, piensan o sienten distinto, pero el respeto y el amor que nos profesamos es tan fuerte que así continuamos, juntos, en este camino al que llamamos vida. Los quiero, me quieren, los necesito y con muchos solo basta una mirada para entendernos. También, entre ellos, quedan algunos con los que compartimos ideas políticas, espacios de laburos militantes, decepciones y ciertas victorias, no tantas como las que hubiera deseado. Para ellas y ellos, y para quienes tengan ganas de leerlo va este texto de Daniel Cecchini, subido a las redes por la querida Norita Siebenhar, que mucho me representa.

QUISIERA

Quisiera que les doliera la cintura como ahora me duele a mí, sentado frente a esta puta computadora, para escribir esto.

Quisiera que tuvieran que resolver problemas cotidianos como pagar la luz, el gas, el agua, arreglar el auto chocado, esa materialidad que en su necesaria falsedad me captura.

Quisiera que putearan por la demora de los trámites de una jubilación que a nadie le alcanza.

Quisiera que como hoy, este jueves – igual a tantos otros jueves cercanos en el tiempo -, hubieran estado en esa mesa de guiso y vino donde tipos de nuestra generación no podemos ponernos de acuerdo.

Quisiera verlos – tantos años después – discutiendo todo esto, incluso con posiciones que yo jamás aceptaría, pero que si estuvieran aquí respetaría aún sin compartirlas (Digo esto porque en ese colectivo que podríamos llamar sobrevivientes de la militancia de nuestra generación hay de todo).

Estoy seguro de que nuestro país sería mucho mejor si estuviéramos hoy peleándonos entre nosotros pero siempre solidarios, los peronistas de la tendencia y los marxistas de la revolución.

En cambio, asistimos a nuestra verdadera derrota: la de una corporación política que fue parida domesticada en el 83 y que cada día entrega más al país para preservar su sobrevivencia.

Quisiera encontrar con ustedes, compañeros, alguna de esas respuestas en las que fallamos, aún poniendo el cuerpo.

La mayor victoria de este sistema es que ya nadie pone el cuerpo salvo cuando termina capturado por la desesperación. Y a esos cuerpos – a esos seres humanos – el sistema puede desecharlos con el beneplácito o la indignación de la sociedad, pero puede,

Me duele la cintura, compañeros, porque tengo la suerte de haber llegado a los 68 años. Quisiera que les doliera la cintura como a mí – a ustedes, que nunca les dolió pero soportaron dolores inenarrables- para que, juntos, dolorosamente, buscáramos como siempre – con el deseo, la ideología y el cuerpo – un mundo más justo.

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