Soy mano

Monólogo de un cuarentón

13 de mayo de 2023 - 08:29

Por Chino Méndez

“La vida comienza a los cuarenta” repite mi amigo de cincuenta, como si “la posta” arrancara en esta década. Yo no sé muy bien si aferrarme a dicha sentencia, pero por aquí ando, buscando lo verdadero. Ojo, que no se trata de desechar lo hasta ahora vivido, sino que simplemente uno sabe adónde ubicar aquellas cuestiones que, desordenadas, pueden condicionarlo. Y como en un altillo o sótano (o alacena, si no tenés ninguna de las otras dos) yo, de un modo inusualmente paciente, he aprendido a acomodar algunas fotos, algunas voces, sabores, caricias, miradas, cagadas, amores, dolores y luminosos instantes de felicidad. Nada de todo este ordenamiento hubiese sido posible sin “esa amante inoportuna, que se llama soledad”, diría Sabina. Y cuando, a raíz de la presencia de esa dama, rompen el precepto y desobedecen y vuelven porfiadas aquellas cuestiones, es la misma soledad quien las lleva de la mano a dormir por otro tiempo más. A modo de confesión les cuento que lo que más extraño es el pelo, acomodarlo, elegir un champú e ir a la peluquería. Hoy el barbero tardó más con mi barba que con mi testa, noto que conmigo tiene otra parsimonia, sospecho, cada vez que voy, mientras lo espío a través del espejo, que debe pensar algo así como “Voy a tardar un poquito más con éste, para que no sienta que le robo la plata”. El despojo capilar no es una cuestión menor, lo aseguro. Como también doy fe, mientras comienzo a cordonear los cuarenta, que uno se pone más selecto. Uno elige los momentos y a las personas y hasta el vino, bien aferrado al criterio que lo abarca y a lo que el paladar soporte. La calidad le gana la pulseada a la cantidad y la calidez noquea al caretaje.

“Aprendí todo lo bueno/aprendí todo lo malo/Sé del beso que se compra/sé del beso que da” reza ese tango que se llama “Las cuarenta”.

También es cierto que algunos excesos siguen alegrando el alma, ansias de algunas fechorías que van al galope por las venas, caprichosos y fugaces vínculos en los que uno entra y sale sin detenerse en laberintos. No resulta tan dócil la luna para el vagabundo.

Como vos, también me caí y cada vez que me levanté conjeturé sobre purgatorios y quise entender que todo formaba parte de un altercado del universo, finalmente resuelto. Hoy con cuatro décadas que me emponchan, prefiero pensar que fue la vida nomás. Aquella que guardé, la que me cubre con el cariño de los que amo, la misma que mañana volverá pergeñar un bello desbarajuste.

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