Publicado en Pilar, un libro de historias 2
El paso del Che Guevara por Pilar, 9 años antes de entrar a La Habana
El Diario presenta en exclusiva uno de los capítulos que integran “Pilar, un libro de historias 2”. Cuenta su llegada a nuestra ciudad en una bicicleta con motor, antes de convertirse en mito.
Existe una relación directa entre los viajes de Ernesto Che Guevara y su camino transformador hasta convertirse en el ícono revolucionario mundial del Siglo XX. Una de sus travesías más difundidas fue la que en 1951 emprendió junto a su amigo Alberto Granado. Una moto Norton 500cc del año 39 a la que apodaban “La poderosa” los llevó por varios países de América Latina.
Pero antes, hubo un viaje inicial y solitario que el Che encaró en una bicicleta a la que le hizo colocar un pequeño motor y que le permitió recorrer 4.500 kilómetros y una docena de provincias argentinas como Santa Fe, Córdoba, Santiago del Estero, Tucumán, Jujuy, Salta y regreso por San Juan y Mendoza.
Ese viaje se inició el 1 de enero de 1950, exactamente, nueve años antes de que ya convertido en el Che Guevara entrara triunfante a La Habana. Será una travesía larga y plagada de aventuras como las que encaró a lo largo de su vida política y como soldado de la revolución.
A sus 21 años, El Che partió de Buenos Aires a bordo de una bicicleta de media carrera con un motorcito fabricado por un ingeniero italiano que copiaba los motores de Garelli hechos en Milán (Italia) y que alcanzaba a desarrollar una velocidad máxima de 25 kilómetros por hora.
Su primer objetivo fue llegar a Pilar, a 60 kilómetros del punto de partida. Guevara entendía que si cumplía esa meta, el éxito del viaje estaría asegurado. Luego de parar por unas horas en nuestro distrito, puso en marcha la segunda etapa hasta Pergamino, previo descanso en San Antonio de Areco.
Con su hijo ya fallecido y convertido en leyenda, Ernesto Guevara Lynch halló en su casa de la calle Arenales, en un cajón junto a libros viejos, unas libretas escritas por Ernesto.
En una de las más gruesas, en forma de cuaderno y con sus tapas muy desgastadas, El Che describía sus viajes. En esas hojas donde el deterioro dificulta la lectura, salta su letra casi ilegible, donde a lápiz describe siempre con pasión sus aventuras y observaciones de un recorrido que empezaba a transformarlo.
En su libro “Mi hijo el Che”, el padre del mito describe el inicio del periplo y cómo Pilar se convierte en el primer mojón hacia una vida de aventuras y lucha. Guevara padre transcribe de la siguiente manera esas anotaciones hechas por el Che sobre aquel primer viaje:
“Cuando salía de Buenos Aires la noche del 1 de enero de 1950, iba lleno de dudas sobre la potencialidad de la máquina que llevaba y con la sola esperanza de llegar pronto y bien a Pilar, fin de la jornada según decían algunas bien intencionadas lenguas de mi casa, y luego a Pergamino, otro de los puntos finales que se me ponían”.
“Al salir de San Isidro pasando por la caminera, apagué el motorcito y seguí a pedal, por lo que fui alcanzado por otro raidista que se iba a fuerza de piernas (en bicicleta) a Rosario. Continuamos el camino juntos, pedaleando yo para mantener el ritmo de mi compañero. Cuando pasé por Pilar, sentí ya la primera alegría del triunfador.
“A las 8 de la mañana del día siguiente llegamos a San Antonio de Areco, primera etapa de mi compañero, tomamos un desayuno y nos despedimos. Yo continúo la marcha y llego al atardecer a Pergamino, segunda etapa simbólica, y era un triunfador, envalentonado olvidé mi fatiga y puse pie rumbo a Rosario, honradamente colgado a un camión de combustible, tras del cual llego a las 11 de la noche a Rosario…”.
Carlos Figueroa, amigo del Che, contó que la empresa fabricante del impulsor que agregó a su bicicleta no creía posible “que el motor pudiera haber aguantado una gira tan grande”. Guevara le contó detalladamente todo su viaje y exhibió algunas de las fotografías que fue tomando. El gerente se interesó por la travesía y le ofreció realizar un aviso publicitario para difundir la marca, le repararían el motor gratis. No había que pensarlo mucho. El aviso fue publicado en la revista El Gráfico en la página 49 de la edición del 19 de mayo de 1950, junto a una noticia sobre la actualidad de la pelota paleta. La publicidad incluía la foto de Ernesto en su bicicleta con antiparras oscuras y una carta suya fechada el 28 de febrero de 1950 y dirigida al gerente de Amerimex SRL que decía: “Les envío para su revisación el motor ‘MICRON’ que ustedes representan y con el que realicé una gira de 4.000kms a través de 12 provincias argentinas. El funcionamiento del mismo, durante mi extensa gira, ha sido perfecto y sólo he notado al final que había perdido presión, motivo por el cual se lo remito para que lo dejen en condiciones. Lo saluda atte. Ernesto Guevara Serna”.
Ernesto Che Guevara, una de las figuras políticas más destacadas e influyentes del Siglo XX volvería una segunda vez a Pilar. En este caso, en el año 2003 en la piel de Gael García Bernal para la película “Diarios de motocicleta”, de Walter Salles. Las escenas iniciales de ese viaje por América junto a Alberto Granados (Rodrigo De La Serna), con un memorable porrazo incluido, fueron filmadas durante varios días en un camino rural del Kilómetro 61, en Fátima.