Visitas de Hollywood

De Niro, Madonna, Banderas y Tommy Lee Jones, sueltos en Pilar

El actor de “El Padrino” cenó en un restorán del centro. La diosa del pop vino a filmar “Evita” junto al español. El “hombre de negro” despuntaba en la zona su amor por el polo.
domingo, 6 de marzo de 2022 · 08:06

La suya no fue una visita de incógnito, aunque no estuvo exenta del hermetismo propio de su talla de estrella internacional.

El 16 de febrero de 1997 quedará grabado para siempre en la historia de la filmografía y el espectáculo local, como el día en el que Madonna, a sus 38 años, llegó a Pilar para ponerse en la piel de Evita, al igual que el español Antonio Banderas.

Fue nada menos que el Castillo Pando Carabassa, emblema de la alta sociedad local del siglo XIX, el lugar en el que bajo las órdenes del escritor y director británico Alan Parker, la reina del pop interpretaría el primer encuentro de la primera dama argentina con la aristocracia nacional para la película “Evita”.

Tal como relató al El Diario el especialista en cine Armando Mathías D’Auría, el despliegue policial para garantizar la seguridad y la privacidad del rodaje se inició el día anterior por la noche, tanto en el castillo como en sus proximidades.

El mismo viernes 16, unas cuarenta vans, camiones y combis arribaron al predio y para las 8:30 de la mañana, las primeras tomas ya se estaban rodando. 

Antonio Banderas llegó a media mañana en un Mercedes Benz con vidrios polarizados y tras un breve paso por camarines, fue directamente al set de filmación instalado en el amplio parque.

De impecable traje marrón y de muy buen humor, el actor español repitió la misma escena cuanta vez lo requería el director Alan Parker.

A las 13.30, llegó Madonna a bordo de un helicóptero y según los rumores que corrían con fuerza en aquella época, tan mala era la relación entre los actores que apenas se dirigían la palabra.

Mientras se extendía la preparación de la cantante, su doble ensayaba las escenas que la diva filmaría un rato más tarde con los extras vestidos con gruesa indumentaria de época.

Tres horas después de su llegada al lugar, comenzaron las tomas con Madonna y el actor inglés, Jonathan Pryce, que personifica a Juan Perón, vestido de militar.

Finalizada la sesión, la cantante fue trasladada en una combi hasta su camerino, ubicado detrás del castillo. Tras un breve descanso de 30 minutos, se retiró en el mismo helicóptero que la había traído. Mientras tanto, el equipo de filmación continuó rodando escenas con los 250 extras convocados para la ocasión.

De Niro, a pasitos de la plaza
Acostumbrados a recibir a importantes empresarios internacionales, presidentes de la Nación y artistas, aquella llamada algo sobre la hora que anticipaba el arribo de un “pez gordo” al salón, no sorprendió a los responsables de Fettuccine Mario.

Sin embargo, lo que parecía una visita ilustre más se convirtió en quizás la anécdota más destacada del histórico restaurante fundado en 1943 por la familia Bianchi.

El 2 de enero de 2015, por una puerta trasera, acompañado por un séquito de personas, entre ellas su mujer, sus hijos, personal de servicio, traductores y custodias, nada menos que el propio Robert De Niro hizo su entrada al salón principal, intentando como en el resto de la velada, pasar lo más inadvertido posible.

Bajo la mirada atónita del propio personal del restaurante y del resto de los comensales, el actor de “El Padrino II” y “Taxi Driver”, entre tantas otras inolvidables películas, elegía los platos del local ubicado en San Martín y Ruta 8.

Sin embargo, lejos de ser una relajada cena en familia, la visita estuvo rodeada de una serie de estrictas cláusulas para garantizar la privacidad.

En principio, se estableció como condición que las mesas que rodeaban a la del actor no debían estar ocupadas por otros comensales. Estuvo prohibido tomarle fotografías y mucho menos dirigirse a él.

Para asegurarse el cumplimiento de estas condiciones, los responsables del restaurante debieron firmar un contrato de confidencialidad, que establecía penalidades millonarias en caso de infringir las reglas acordadas.

Tal como recordaron desde el restaurante en diálogo con El Diario, los comensales –unos 12 en total- pidieron un menú variado de pastas, carnes y pescado. Y fiel a sus costumbres anglosajonas, optaron por llevarse la comida que sobró. El actor, además, llegó con su propio vino.

“En plata de ahora, gastaron entre 40 mil y 50 mil pesos, y la multa por no cumplir el contrato era de medio millón, así que entre todo el personal hacíamos una barrera para que nadie le saque una foto”, confiaron desde el lugar.

En cuanto a la actitud de la estrella de Hollywood, destacaron que “se lo veía sencillo y tranquilo”. Entre las pocas palabras intercambiadas con los camareros del lugar, no faltaron los elogios a la gastronomía de Fettuccine.

Esa cara me suena
Cuando a Matías le pidieron que acomodara la mercadería recién comprada por un cliente en una imponente camioneta RAM estacionada en la puerta de la veterinaria y talabartería para la que trabaja, nunca imaginó que detrás de los vidrios polarizados lo sorprendería una estrella de Hollywood.

Concentrado en su computadora personal, aguardando que su empleado de confianza culmine la compra, Tomy Lee Jones permanecía impasible en el habitáculo de su rodado, estacionado en 11 de Septiembre al 900, en el centro de Pilar.

Hacia fines del año 2007, había llegado hasta acá motivado por una de sus pasiones por fuera de la actuación: el polo. Dueño de una serie de campos ubicados en Open Door, dedicados a la cría de caballos par este deporte, arribó al local Aperos en busca de artículos vinculados con la actividad.

“Lo teníamos de cliente por su petisero, que compraba cosas acá para sus caballos, le cargué cosas a la camioneta y él estaba arriba con una computadora”, contó Matías, todavía asombrado por la vivencia.

“Yo recién había ingresado a la veterinaria y me acuerdo patente del momento”, agregó el testigo privilegiado que, aunque no tuvo posibilidades de intercambiar saludo ni foto con el actor y cineasta, teniendo en cuenta que “tenía un celular Nokia 1100”, reconoce que “fue una anécdota que le fui contando a todo el mundo”. 

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