Soy Mano

Sencillas inquietudes

domingo, 15 de agosto de 2021 · 08:19

Por Víctor Koprivsek

El otro día mi padre me habló de las sencillas inquietudes, usó ese término: “sencillas inquietudes”, como estrellas que se reparten sin mezquindades en el espejo de tus ojos.

Y cuando salí a la calle, para seguir andando el mundo, me topé con ellas.

Vender tu primer autito para montar una pizzería en tu barrio, un Dodge 1500 celeste. “Estaba hermoso ese bebé, pero estoy conforme”, me dijo Maxi Angelini, 24 años, derquino, en una de las mesas de su local de la calle San Martín. Con una sonrisa, me lo dijo.

Después hablé con Marco Lautaro Robles, 12 años, estudiante de 5º Escuela 27 de Derqui. Le encanta dibujar y hace poquito le dieron la oportunidad de hacer la tapa de un libro. Y quedó hermosa. Ya la van a ver, porque es el último libro de la autora local Alicia Di Felice que ya fue a imprenta: “Dinos Aventuras 3. Braky, el dinosaurio extra galáctico”.

Y Marcelo Dondic, con más de cincuenta pirulos, estuvo 10 meses postrado por una enfermedad que casi se lo lleva al otro barrio. Cuando salió de esa recordó una frase que le dejó su madre: “Tenés que viajar, hijo”. Ahora recorre pueblitos con su moto, su corazón se llenó de caminos, estaciones de trenes y almacenes rurales atendidos por gentes sencillas, como las inquietudes de las que me habló mi padre.

“El tanque de nafta de la moto lleno, un sanguchito y la buena compañía de tu compañera o algún amigo motoquero como yo”, me dijo. Marcelo llegó de Salto a Derqui a los 14 años.

Sandra Corti es arquitecta, mamá de Dante, el otro día compartió en el Club Unión de Derqui un proyecto que se llama Infinito, estaba nerviosa y emocionada porque ese día se cumplía el tercer aniversario de la partida física de su esposo, el querido profe de la Media 2 Carlos Verdum. Eligió una fecha bien importante para compartir su proyecto con la gente.

Todos tenemos nuestra Fe, y hasta hay quienes no. Cosa de respeto es no juzgar ni descalificar. 

“Vos podés mirar al mundo, también poner la vista en Dios. El mundo es fuerte como el acero, duro como el metal con el que se forjan las espadas que cortan la carne o las balan que matan. Pero al hierro, si lo ponés al fuego, se derrite. Dios no se derrite”, me dijo mi viejo el otro día, hablando de las sencillas inquietudes.

Sencillas inquietudes al respecto del viaje que hicimos con Graciela y el Chino, compañeros del Soy Mano, al pueblito Rivas, de 500 habitantes y a hora y cuarto de nuestras casas.

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