Soy mano

2 de Mayo

domingo, 2 de mayo de 2021 · 08:12


Por Chino Méndez


Es el momento de nombrar cada centímetro cúbico de los vasos medio vacíos. Por ejemplo, me resulta necesario extirparme todos los cartelitos que se replican en todas las pantallas, tan escasos de contenido propio pero, que ante estos tiempos de necesidad de inmediatez en el mensaje, logran su cometido de repetición continua hasta que se convierten en grandes verdades de cartón corrugado. La absurda competencia entre el odio y la falsa esperanza. Todos son enunciados de título con zócalo. La realidad total ha sido derrotada por la realidad fraccionada. 

Mundo loco, que mide la plenitud según las cosas que algunos pocos nos indican como necesarias o satisfactorias. Este desahogo se gesta en una de las catástrofes más grandes de la humanidad, es por ello que necesito decirle mierda a la mierda, porque en esta tierra rota llevan la delantera la mezquindad y la miseria. Es que algunos nunca dejarán de ver rentabilidad en lo fundamental, que es la salud. Y cansa tanto escuchar y leer hijaputeces. Las convicciones no alcanzan para convencer dentro de estos márgenes donde la incertidumbre corre sus límites y asusta tanto. 

Pero como el miedo sólo debe servir para revelarse, como un viejo fotógrafo que se mete al cuarto entre los negativos que capturó su cámara, yo revelo las imágenes más altas de mi vida y encuentro la otra mitad del vaso, la llena. Imposible restarle valor. Hoy es 2 de mayo. Es mi cumpleaños, el segundo en pandemia. Y aunque cargue aún con cierto retrato carcomido por la erosión de un barco que ya estaba hundido, todavía queda la balsa donde navegaban los sueños en una esquina que solía llamarse Rodríguez Peña. Más allá de los giles, los jodidos y los intelectuales yo me aferro a la sencillez de la vida. A pesar de los horizontes nebulosos, las verdades inventadas y la mentira de la tierra prometida ¡Tengo unas ganas de seguir vivo! Porque sí, porque algunos, al parecer, quieren que el número de ausencias aumente para que crezca la desesperanza. Quiero seguir vivo porque a la historia cruda debemos contarla nosotros y no los cartelitos de autoayuda ni las teorías rimbombantes de algún iluminado. Seguir vivo por mis hijos y el fervor de mis hermanos y las manos arrugadas de mis viejos vacunados. Porque mis amigos y yo debemos abrazarnos otra vez mientras cantamos “La última curda”, totalmente borrachos. Por el desencuentro y el placer. Porque si bien debemos lidiar entre los charcos de mierda también existen los ríos cristalinos que, por ejemplo, contrarrestan a la otra mitad siempre vacía. En estos tiempos es casi una obligación saber zambullirse en las aguas de ese medio vaso lleno. Ganas de vivir así de incompleto porque el punto matemático de mi vuelta al sol me invita a seguir naciendo bajo este cielo.
 

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