Silvio Braschi

Esa hermosa necesidad de recordarte

domingo, 17 de octubre de 2021 · 06:54


Por Pablo Ramos

Junto a mi compañera María fuimos invitados de honor a la Feria del Libro de Río Negro, que se celebra este año en El Bolsón. Acá estamos. Bueno: acá estoy, sentado en el bar del hotel, desayunando mientras miro frente a mí, sobre mí en realidad, los picos nevados del cerro Piltri Kitrón. Porque María aún se esta preparando para encarar el día. Y yo, hoy sábado, como todos los sábados, me levanté bien temprano para primero encontrar y luego escribir esta crónica. Para cumplir con esta hermosa responsabilidad de amor que prometí frente a mi querido amigo Sergio Abrate cuando le propuse escribir estas líneas que usted, querido lector, querida lectora, pueda leerme cada domingo.

Es indescriptible la belleza de este lugar. Los amigos que acá nos esperaron, el amor, la cantidad enorme de lectores que se congregaron en medio de un diluvio de dimensiones bíblicas a escuchar una charla que tuve que dar a capella y en la casi oscuridad de la tarde, ya que los equipos de luz y de sonido se mojaron y había bastante riesgo de choque eléctrico. El silencio de los concurrentes, la atención, la comunicación increíble que se logró fue algo que jamás voy a olvidar. Mis amigos Fernando (el soñador), Carlos (el sensible montañés), Eliana (la bella responsable de que todo salga bien) completamente conmovidos y participativos. Realmente esa primera charla de miércoles, tanto como la segunda del jueves, más tranquila, en el amparo de una escuela y exclusiva para un grupo de educadores, no tuvo ni un solo momento de desperdicio. Luego con María nos tomamos el resto del jueves y el día entero de ayer para visitar. Y tuvimos la suerte, la bendición, supongo, de que en el cerro Perito Moreno estuvimos bajo una nevada intensísima, una nevada propia de las mejores nevadas de invierno pero ahora, a mediados de octubre.

Sin embrago, pese a tanto amor, a tanta belleza, pensar en Pilar, en la gente de Pilar, en mis amigos y amigas de Pilar, me llena de nostalgia. Entonces esta crónica va destinada a una caminata del alma, y al recuerdo, a esa necesidad de tener algo en las espaldas, de tener que dejar algo amado atrás para poder amar algo nuevo, para poder seguir amando. Y el corazón es un enorme músculo capaz de agrandarse hasta casi el infinito, capaz de albergar más memoria que el cerebro, el tan venerado cerebro.

El recuerdo más cálido en esta mañana fría es el de las chicas que manejan los distintos merenderos, las mismas que nombré en la entrega anterior, las mismas que ahora deben estar haciendo lo que cada día hacen, lo que desde hace mucho tiempo hacen: servir al prójimo; amparar a los niños que llegan a ellas, contra viento y marea. Porque fue contra viento y marea siempre para ellas, es que saben de tempestades. Y saben mucho. De tornados y huracanes en el caso de Ivone; de maremotos de ánimo y cansancios en el caso de Isa; de ilusiones truncas en el caso de Norma. Y otras tormentas que ni imagino y que mucho menos sé en los casos de Sol, de Blanca y de Belquis. Mujeres de Agustoni, de Del Viso y de Alberti. Mujeres que llevan distintos sueños en el alma y en los ojos y que muchas veces los postergan en función del otro, son la nostalgia que hoy me convoca, son los cuerpos que hoy me traen Pilar a la memoria del alma.

Pude ver por ejemplo la enorme capacidad de Ivone para actuar (es de hecho una notable actriz), cuando representó frente a mí la evolución del puntero político que pasa por diferentes etapas sicológicas que derivan en una diferente y engreída postura corporal a medida que se hace o lo hacen más importante. Y va desde pibe de los mandados, a responsable de un grupo, a responsable de un móvil municipal, etc., etc., etc. Una trayectoria que en cada paso ella iba transformando en su propia persona con una enorme capacidad para la actuación, y que me recordaron a esa conocida lámina darwiniana de la evolución del chimpancé al homo sapiens. Brillante. Sé que Ivone es una gran cantante y tiene un sueño, grabar un disco. Pero no sé mucho más que eso. Su origen uruguayo, su potencia femenina transformadora. Luego Isa, que me bautizó Turista Italiano, con una sagacidad de observación que ojalá tuvieran la mitad de mis alumnos de taller literario. El hermosísimo pudor que despliega Sol al hablar tan delicadamente. Y Belquis, la hija de Blanca, que en medio de una discusión importante y bien subida se mantuvo callada y organizó la propia discusión en un minuto en el cual todas callaron y pudo hablar, dando una definición perfecta de lo que es o debería ser la política, diferenciándola de los políticos. Pensando bien, pensando como necesitaríamos que muchos piensen.

A ellas dedico entonces esta crónica del recuerdo, y sepa disculpar, querido lector, querida lectora, si la misma, escrita a 1.800 kilómetros de Villa Morra, le suena pobre, o no contiene en sus líneas ninguna cosa espectacular, ningún milagro, ningún hallazgo.

Y responsabilíceme a mí por no ser lo suficientemente escritor, por no tener el talento o la capacidad necesaria para expresar cuánto extraño Pilar. Cuánto extraño a esta gente que jamás me hizo sentir un extraño; porque decirme turista italiano, y decirme casi cínico, en el caso de Isa, fue tan cariñoso, tan amparador, me hizo sentir tan bienvenido que jamás lo voy a olvidar. Fue la mejor bienvenida que me hayan dado. Y eso que recorrí el mundo, que me recibió desde Fidel Castro, en el premio Casa de las Américas, me recibió el comandante Hugo Chávez en la primera FILVA de la historia bolivariana. Y muchos, muchos ministros y secretarios de cultura, productores, editores. Creo que el amor de estas personas, de estas mujeres en el caso del taller María Romero que da nuestra María todas las semanas, es comparable a cualquier paisaje patagónico, a cualquier nevada fuera de estación, a cualquier beso de madre, al beso que ya no tendré de esa hermanita que tengo en el cielo. Al beso más apasionado del amor de mi vida que tengo ahora a mi lado (acaba de bajar por fin).

Gracias por todo esto, queridas mujeres, queridas amigas. Espero volver y verlas, ayudarte Ivone con el sueño del disco, ayudarlas a todas con el sueño de paz y de amor, de infancias. Con alcanzar ese estado que tan bien representó Isa: estar sentada al sol, con un libro y una mandarina. Una composición poética envidiable, realmente, que me conmovió cuando María me la reprodujo.

Hasta el otro domingo, queridos y queridas. Seguiremos acá hasta la semana que viene. Hoy, por estos lares, se proyecta la película El origen de la tristeza, basada en mi primera novela. Dos veces se proyecta, y en la primera tengo que dar otra charla.

Luego a última hora de la tarde presento mi obra (toda “mi obra”), y más tarde me darán una fiesta de bienvenida o de despedida, ya ni sé en dónde estoy pardo. Ja, ja. Tanto amor. Tanto amor.

Pero en medio de todo esto, te recuerdo Pilar, porque tu gente es mi gente, y ya soy tu escritor también. Hay cosas que son para siempre.

Sinceramente, Pablo Ramos. 
 

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