Soy mano

Cimientos

domingo, 6 de septiembre de 2020 · 00:02

Por Víctor Koprivsek


Capaz la humildad, no sé, viste cómo ilumina la llamita de una vela cuando se corta la luz. 
No espero que esta columna sea más que una lectura al paso.
Por eso me pregunto: ¿y si sacamos de lo alto de las estructuras fortificadas la palabra competir y en su lugar ponemos esa otra tan parecida fonéticamente? Compartir. 
Hay quienes creen que la humanidad torcería su destino con hacer solamente eso. Un pequeño cambio chiquitito.
El tema con los buenos cimientos es que nunca te dejan tirado. Al contrario, te sostienen cuando tiembla el mundo. 
Se me viene a la mente la batería en una banda de rock, o el bajo. La constancia construye sin ocupar el centro de las miradas ni los flashes. En el fragor de la espuma no se ve. Sin embargo, ¿alguna vez escuchaste una banda de rock sin la batería? A lo mejor existe, como las casas sin cimientos.
Estaba pensando también en los cosecheros (te dije que era una lectura al paso); los cosecheros esos de las canciones de Ramón Ayala, el gran poeta viviente que, paradójicamente, no es reconocido ni celebrado públicamente. Por cierto ¡es bastante ninguneado! 
Pero retomando… ayer pensé mucho en eso, en las hormigas laboriosas. Las que no descansan, las chiquititas que de una pisada capaz mueren veinte pero que, al final, las que vienen atrás se terminan comiendo al gigante y ni su olor a pata queda. 
Bueno es saber que la esperanza es vida y la muerte un gran banquete, pero de otros.
Se cavan las zanjas, los brazos van y vienen con las palas removiendo la tierra, otros van preparando la mezcla al costado, trenzando los hierros, armando los cimientos. 
En la faena se comparte el sudor, hay risas y alguna parrillita con bracitas rápidas para preparar una faldita “banderita” vuelta y vuelta. El comienzo de la obra no se olvida. 
Será porque el esfuerzo es grande y queda sepultado bajo la tierra, como las semillas, vio.

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