Cuentos de Cuarentena

Un viaje en colectivo

domingo, 9 de agosto de 2020 · 17:03

Era un día como cualquier otro, me levanté para ir a trabajar con la sensación que iba ser un día glorioso.

Puse la pava mientras me bañaba y cambiaba para salir.

Hoy es el día, pensé mirándome al espejo, la barba  está perfecta, el bigote lo tengo como mostacho, como siempre quise tenerlo. Me alejo y me miro al espejo de cuerpo completo y pienso:

Esto lo use la semana pasada y no me queda como hoy, hoy siento que ella me va mirar y va notar como me siento y cuando le hable sus ojos van a brillar como los míos cada vez que la veo.

Con ese pensamiento en la cabeza comencé a prepararme el café, hoy tiene un gusto diferente, esta perfecto.

Olvidé presentarme, mi nombre es Rodrigo, y así comencé la mañana  el jueves 13 de marzo.

Esperé el colectivo en el que ella siempre esta, deje pasar dos que podrían dejarme en el trabajo, pero como la mayoría de los días solo espero el doscientos tres que sé que es el que ella suele tomar.

Cuando subo al colectivo lo primero que hago es buscarla. La encuentro sentada al fondo, hablando con alguien.

El mundo se me cae abajo, estaba preparado para romper mi timidez y hablarle, pero contaba con que ella estaría sola. En ese momento, empecé  a replantearme cómo estaba vestido, y supuse que al intentar hablarle tartamudearía. 

Como en cada decisión de mi vida comenzó a planear en mi cabeza que hacer, y se me ocurren 3 posibilidades…

La primera opción como siempre es dejarlo para otro día.

La segunda opción es darle mi tarjeta profesional con mi número personal atrás.

La tercera directamente acercarme y hablarle sin importar la compañía que tiene.

Cuando logré decidirme dejarlo para otro día la persona que estaba con ella se baja.

Me acerco, me siento, comienzo a imaginar que le hablo, que al otro día estamos tomando un café, que a la semana me manda un mensaje que va en el colectivo de siempre para viajar juntos, que empezamos a planear un viaje, que comenzamos a pensar en una vida juntos...

De repente me tocan el hombro, me doy vuelta ella me está mirando, mis palabras están por salir, voy a saludarla y pedirle su teléfono, su instagram lo q sea, es mi momento.

En ese momento me doy cuenta q ella me está hablando y me pide permiso para poder salir.

Me levanto para dejarla salir, y otra vez dejo pasar el momento ue estaba esperando.

Cuando ella esta saliendo el colectivo frena de repente y ella se esta por caer y logre atraparla antes de que se caiga.

Ella se agarra de mi y me mira a los ojos y me dice Gracias.

Le respondo - De nada- la suelto y ella se baja del colectivo

Y así pasa otro día en mi vida que dejo deje pasar la oportunidad de hablar con la persona que me gusta.

Bajó del colectivo, llegó al trabajo a la misma oficina de todos los días, voy al baño, me miro al espejo y el brillo que hoy sentía se apagó.

Mi día transcurre como todos los días de mi vida, enojado del trabajo que tengo, recriminando de que no supere esa timidez para conocer a alguien.

Llego a casa y encuentro una nota de mi madre diciéndome que me dejo un pastel de papa en la heladera, para mis adentros razonaba que, aunque sea, iba a poder comer algo para sacar la amargura que siento como la mayoría de los días.

Colocar el pastel de papas en el microondas y lo caliento durante 5 minutos, destapo una cerveza en esos momentos es lo único que puede llegar a mejorar un poco mi día.

Pasan los 5 cinco minutos, mientras tomo la cerveza, ni el alcohol calma la amargura de mis días, la sigo tomando por costumbre.

Cuando empiezo a comer el pastel de papas, que está realmente bueno, empiezo a disfrutar realmente de él, voy a buscar el celular a en mi tapado, reviso todos los bolsillos, cuando lo encuentro descubro un papel con una nota, con un número de teléfono y algo escrito en él

me da mucha vergüenza hablarte mi nombre es…”  011-90546098

Rodrigo Juárez

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