OPINIÓN

Una Reina sin corona

Por Lic. Sandra Victoria Bilangieri, vicedirectora del nivel Secundario del Instituto Verbo Divino.
miércoles, 6 de mayo de 2020 · 12:11

La escuela vacía, el silencio grita, es ensordecedor, sin embargo es una oportunidad histórica la que tenemos para hacer de este momento una instancia nutricia que aloje en el intento de educar, mientras todos los actores aprendemos.

Si nos obstinamos en sostener las mismas prácticas que antes de la pandemia, la frustración puede llegar a ser intolerable, entonces un encadenamiento de sentimientos ambiguos y contradictorios se apoderará de nosotros sumiéndonos en casi la desesperación, abrumados por  aplicaciones, plataformas, video llamadas, jornadas sin horarios, clases desiertas o superpobladas que parecerían caracterizar y resumir a esto la idea de escuela.

Por el contrario, si nos pensamos como protagonistas de un momento histórico en que es imprescindible repensar la escuela, seguramente sobrevendrá la calma.

La escuela erige su reinado desde tiempos remotos, es por excelencia de las pocas instituciones que continúan en pie casi de la misma manera en que fueron concebidas, con los mismos rituales que Sarmiento importara de una Londres lluviosa y culta; por lo tanto que irrumpa la pandemia en su cotidianidad, al menos, provoca una ruptura que no podemos soslayar.

Pensar la escuela que viene es imprescindible, será un antes y un después de la pandemia, en todos los sentidos. Muchos especialistas se han expedido al respecto analizando múltiples variables, la mayoría de ellas apuntan al advenimiento de lo virtual, como lo innegable, sin vuelta atrás. Por mi parte iría mucho más profundo, más adentro, iría al corazón mismo de la escuela, allí donde el latido de los sujetos palpita como la vida misma.

Ninguna aplicación, ningún sistema virtual, reemplazará la subjetividad de los que caminamos las instituciones educativas, enlazados en la mirada del otro, allí radica el secreto del aprendizaje significativo.

Aprender se escribe con “H” de aprehender, que prende, que enciende, que sujeta, hilvana… uno se apropia de ciertos saberes porque son trasmitidos por alguien que los abraza y en ese abrazar invita al alumno a participar activamente en la producción del conocimiento. Ese vínculo le otorga sentido y ese sentido es, en sí mismo, la esencia de la escuela.

Entonces volvamos a lo esencial: la escuela es el lugar donde el conocimiento debería producirse, qué mejor ocasión para inventar lo que aún no fue inventado, escribir los libros que todavía no se han escrito o los protocolos que como sociedad estamos necesitando, idear un nuevo sistema económico o crear empresas que respondan a un usuario atravesado por el Covid-19 que definitivamente ya no será el mismo que antes. Nuevas necesidades harán su arribo, y allí deberán las ideas estrenar campos de aplicación, y nuestros jóvenes alumnos, devenidos en pensadores, abrir caminos.

La escuela seguirá reinando, en la medida que vuelva a sus raíces, que no se asuste, que acepte el desafío y recupere el envión, que asuma responsablemente la formación y capacitación como imprescindible, que pueda atravesar cuestiones gremiales, y para esto deberán nuestros gobernantes abrir espacios para el reconocimiento de aquellos que acrediten saberes acordes a su profesión, otorgándoles en ese reconocimiento el prestigio que les pertenece.

La escuela seguirá reinando en la medida que cada alumno encuentre en ella un lugar para desarrollarse, un espacio para diferenciarse, para ser resiliente, para encontrar la vocación, para profundizar sus saberes y desplegar sus dones, para conocer al amor de su vida, para toparse con la inspiración de los docentes que la lideren.

La escuela seguirá reinando porque los docentes siguen en pie, sosteniéndola, más viva que nunca, porque allí se encontraron y profundizaron y fueron resilientes y se enamoraron y desplegaron sus dones y así se retroalimenta la historicidad que hace que la escuela permanezca.

Será entonces, cuando volvamos a encontrarnos, una reina diferente, porque la escuela, saneada y reinventada seguirá siendo el lugar por excelencia para el encuentro entre sujetos que atravesaron este inédito momento histórico, quedándose en casa, cuidando y cuidándose, sin abandonar el espacio vital del aprendizaje, la escuela será entonces …Una reina sin Corona.

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Comentarios

6/5/2020 | 23:16
#0
La función de la escuela, en cualquier contexto que se esté atravesando, ya no es la de intentar educar, sino la de garantizar a cada estudiante el derecho a ser educados. Pensar en que un docente intenta educar, es pensar en una tensión que se da frente a un estudiante que renuncia a aprender.