“Entrá a Pilar por Lagrave, la del tanque de agua”. “Estoy a dos cuadras del tanque de agua”. “¿Viste el tanque de agua? A la derecha…”. Frases como esas se repiten a diario entre los pilarenses, ya que hacen mención a un punto de referencia ineludible para la localidad cabecera: el tanque de agua, ese faro que cumple nada menos que 50 años de existencia.
Su construcción se inició en 1968 y concluyó en 1970, hace ya medio siglo. El edificio tiene una altura de 31 metros y paredes de 60 centímetros de hormigón, y su tanque cuenta con capacidad para contener 1.000 m3 (1 millón de litros).
Debido a las condiciones de este momento histórico, dicho volumen resultaba suficiente para proveer de agua a Pilar centro y al barrio de Villa Morra. Además, se nutría de cuatro pozos distribuidos en estas zonas.
Pero el boom demográfico de Pilar hizo que quedara obsoleto: según los expertos, para imitar la presión que en la actualidad requiere el distrito, el tanque debería medir al menos unos 60 metros, el doble de su tamaño.
En cambio, en la actualidad el abastecimiento de la red de agua se realiza directamente por bombas de presión monitoreadas electrónicamente. Además, los pozos se cuadruplicaron (suman 15), tal como se extendió la zona de influencia de la red de agua potable y cloacas.
Teniendo en cuenta la nobleza de la estructura, durante la gestión de Sudamericana de Aguas circuló en algún momento la idea de reciclarlo para construir oficinas en su interior, proyecto que finalmente no se llevó a cabo.
En cambio, sí recibió una intervención artística en su muro externo, al colocarse mosaicos en homenaje al doctor René Favaloro. La llegada de Aysa incluyó también el cambio del logo, aunque conserva el color gris con el que fue pintado hace varios años.



