Opinión

La virtualidad no reemplaza al aula, la tarea no reemplaza a la clase

Por María Eugenia Vivaldo Lic. en Ciencias de la Educación, orientación Psicopedagogía (UNLU)
martes, 21 de abril de 2020 · 10:31

Desde hace unos días observo con algo de preocupación la revalorización de la tarea en los tiempos que corren, no porque esté en contra de esta estrategia, sino porque hay algo que ella no está logrando reemplazar.

La cuarentena nos exigió en educación ser docentes de la posmodernidad en un abrir y cerrar de ojos. Sin repensar y cuestionar sus usos y funciones, todos nos sentamos frente a la computadora a realizar listas de tareas y actividades para nuestros estudiantes. Una vez enviadas respiramos tranquilos: lo que hace un tiempo parecía imposible, utilizar las TICS en el aula, se dio con una rapidez inaudita en el sistema educativo.

La única preocupación que nos generó este envío masivo de tareas era saber si el estudiante contaba con los medios para su resolución -Internet, computadora o celular-. En el caso de contar con ellos, la preocupación se dirigió a pensar si lograría ingresar, descargar, conectarse y -sobre todo- responder, o más precisamente, si entregaría la tarea.

La tarea escolar es entendida como aquella actividad hogareña de refuerzo pedagógico frente a lo que se aborda en la clase, en la vida áulica. Siempre la tarea es posterior a un abordaje presencial con la o el docente a cargo, y sobre todo cuando se entiende que el estudiante ha comprendido, por lo tanto, con autonomía o en algunos casos con ayuda de un adulto, puede lograr su resolución.

Pero, hay que aclarar, el educando lo abordó en clase y esto hoy no pasa. Mucho peor, en algunos casos les exigimos a los padres la puesta en escena de este paso, siendo único del docente.

Y aquí empieza mi preocupación, cuando una estudiante con angustia me manifiesta la decisión de abandono de su carrera por no lograr entregar a tiempo las tareas y sobre todo no comprender u orientarse en la virtualidad. Esto es solo un ejemplo del Nivel Superior, no quiero imaginar las situaciones de otros niveles y con la diversidad de contextos y realidades hogareñas que se presentan.

A los pocos días, siendo solo observadora de un caso, la toma de examen de una universidad enfrentó a la estudiante a una situación de ansiedad y nuevamente angustia por preguntas que no comprendía, y confundida por haber entregado todas las tareas  en tiempo y forma, pero que al momento de resolver el examen, no lograba conectar los contenidos, ni distinguirlos en el manojo de textos leídos. Mucho peor, lo que le preguntaban había sido explicado en Zoom por su docente, y por problemas de conectividad no llegó a verlo.

Entonces: ¿qué estamos garantizando con tanta tarea? Con videoconferencias masivas solo en caso de quienes logren conectarse ¿y el resto? Creo que estamos garantizando una enseñanza tradicional en su esplendor, propio de la escuela de la modernidad. Se lee, subraya, responde y resuelve. Se entrega a tiempo la tarea y se devuelve una calificación. Me pregunto: ¿el vínculo con el otro, el andamiaje, la clase, la explicación, los recursos, la transversalidad de contenidos, la diversidad, los contextos complejos? ¿No será hora de pensar realmente en ellos al momento de mandar tarea?

Algo no menor y que se suma a esta angustia masiva ante el “furor pedagógico”: los tiempos. Los docentes están haciendo una labor contra reloj: corrigen en horarios y días no habituales y en cantidades que jamás hemos visto, el desgaste físico y mental de docentes y estudiantes es de preocupación en un solo mes de cuarentena, al menos eso observo yo.

¿Cuál es la receta para modificar estas tensiones? Me hago esa pregunta constantemente. Creo que el vínculo es clave. Tratar de conocer a quien tengo del otro lado de la pantalla, animarlo y orientarlo en el uso de plataformas, mails, elaboración de archivos, etc. Que aunque no responda al contenido especifico de mi asignatura, sí es un saber y sobre todo permite canalizar ansiedades o preocupaciones del estudiante y también el entorno de este -la familia-.

Comprender que la diversidad de los estudiantes no desaparece, sino que se profundiza. Y también la diversidad de docentes y recursos con los que contamos. Los tiempos de estudio y comprensión de un tema no son similares para todos, y no todos aprenden igual. Por lo tanto, si envío una tarea, por ejemplo, la lectura y análisis de un texto, ¿cómo me garantizo que todos lo comprenden?

Entonces debemos empezar a pensar cómo enseñar en la virtualidad: elaborar videos y/o audios explicativos, PPT con conceptos nodales o con el paso a paso para las materias más exactas y así lograr resolver operaciones. Repensar el aula, al momento que uno arranca a dar la clase explica hasta con sus propios gestos, tonos de voz, etc. que en la virtualidad no se dan ¿Cómo replico esto a la distancia? Ese es nuestro desafío como docentes.

Los tiempos son otros, pareciera que tenemos más tiempos o menos, depende cómo lo miremos. Pero hay que organizarlo: respetar los días y horarios de cursada tanto para subir materiales o responder inquietudes. Esto organiza la labor y los pasos al estudiar.

Los docentes debemos ser claros en las metas y no desesperarnos por responder mails fuera del horario habitual. Y debemos comprender que el día de la cursada no debe ser el día de enviar la tarea: debe ser el día de clase, de intercambio, de vínculo. No pensar que solo yo debo enseñar, puedo aprender de mi estudiante o de algo que quieran compartir con los otros, animarse al debate , al foro con una propuesta o tema que sea de disfrute para todos: una película, libro, música, actualidad, etc.

Es así, la tarea no puede reemplazar la clase. La virtualidad no reemplaza al aula y mucho menos a la vida escolar. Es solo una herramienta que acompaña a un proceso de enseñanza y aprendizaje en contextos complejos, como es hoy la cuarentena.

Será nuestro desafío y poniendo en práctica nuestra vocación docente, diseñar las mejores estrategias para garantizar el aprendizaje de nuestros estudiantes.

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