Martín Benítez tiene 15 años y su vida ha sido siempre cuesta arriba: por una falla en los fórceps durante el parto, creció con una discapacidad motora, retraso madurativo y epilepsia.
Ramón, su papá, batalla cada día para darle una mejor calidad de vida. Sin embargo, el hombre denuncia que desde hace meses su hijo no recibe medicamentos y no es recibido por ninguna institución especializada, por más que ha golpeado varias puertas públicas y privadas.
Con una infancia de internaciones y cuidados diarios, el verdadero calvario comenzó hace dos años, agravándose a fines de 2018: gracias a la intervención del Municipio, especialmente del área de Participación Ciudadana (en ese momento comandada por Gabriel Lagomarsino), que intercedió ante Inclusión (cuyo director es Ramiro Giménez), el adolescente pudo ser trasladado desde una entidad porteña a otra del distrito. Pero los cuidados recibidos no fueron los esperados, y Martín volvió a quedar a la deriva.
“Estuvo en un lugar de Zelaya en el que fue maltratado”, asegura su papá a El Diario. Al retirarlo de allí y teniendo que quedarse a cuidarlo, Ramón perdió su trabajo como albañil, y por ende su obra social. “Desde ese momento estoy buscando un nuevo centro de discapacitados y no encuentro”, expresa, añadiendo que “como ya tuvimos problemas, me tildaron injustamente de conflictivo y no nos reciben en otros lugares”.



